TRAILER
Los siete samuráis
Estamos frente a la película que incorporó un aire humano al cine de aventuras. Le rompió la planicie de la acción por la acción. Introdujo en la trama la narración vital de sus personajes, junto a sus códigos de honor, valor y humanidad. Cambió el rostro de sus héroes y antihéroes y los llenó de polvo, lluvia y diatribas convocadas entre la piedad, la duda, entre el sobresalto y la angustia. Kurosawa rompió el esquema de “buenos” y “malos” para mostrarle al espectador las reacciones internas de sus protagonistas. Resulta inolvidable, por ejemplo, el samurái encarnado por Toshiro Mifune, un alardoso lleno de complejos de inferioridad y delirios de grandeza, que de bufón pasa a héroe sin abandonar su espíritu libresco. Se abandona el camino pintoresco para dibujar a samuráis y campesinos como personas. El director logró que el espectador razonara el motivo que condujo a cada espadachín a tomar una decisión heroica. Con esta línea argumental incorporó en su obra un legado distinto a la acción. Aquí vive el retrato de una comunidad temerosa e ignorante que organiza su defensa guiada por un pequeño grupo de expertos. El espectador aprende del Japón del siglo XI y de su vida rural mucho mejor que en un libro de historia porque hay un abanico de costumbres, labores, objetos, sentimientos, e ideas propias de la época junto a unos personajes, vestidos a la usanza, con el tenue maquillaje del sudor y la fiel ambientación de la naturaleza. La dirección es sobria, sin efectismos. Las escenas parecen salir de la corteza de los árboles. La intimad sobresale gracias a un lirismo fotográfico de vanguardia. Esa cámara se mezcló con finura y elegancia en el alma de la guerra. Captó escenas de batallas en las que sabemos lo que ocurre aunque no se puedan contemplar a plenitud, ya bien por la oscuridad o la rapidez de su estructura. La cámara no se mueve y toda la acción gira alrededor de ella como lo hizo John Ford en su obra precursora y como, más adelante, lo haría Sergio Leone con sus “western espaguetis”. Este es un discurso cinematográfico que canta a la sutileza. Kurosawa con esta obra también incorpora al cine el empleo de tres cámaras simultáneas, con el fin de captar planos largos, medianos y cortos. Y revolucionó las escenas de asesinato gracias al llamado “slow-motion” técnica que permite, con sobriedad y elegancia, un toque de violencia. La tragedia diminuta, terrible y cotidiana que acecha a cada personaje, desde los campesinos hasta los guerreros, es una paradoja misma de la vida dentro del eterno enfrentamiento entre el bien el mal. En este filme no hay maquinarias con cerebro y corazón. Los actores tienen alma y tienen precio. Por eso siempre inclinamos la frente ante ellos y ante esta obra maestra. Ficha técnicaPaís: Japón. Año: 1954. Director: Akira Kurosawa. Guión: Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto e Hideo Oguni. Duración: 210 minutos. Reparto: Toshiro Mifune, Takashi Shimura, Hoshiro Inaba, Seiji Miyaguchi, Minoru Chiaki, Daisuke Kato, Ko Kumura, Kamatari Fujiwara, Keiko Tsushima. Sinopsis: En el Japón del siglo XVI, campesinos de una comunidad empobrecida, deciden contratar a siete maestros de la espada para no tener que entregar sus cosechas a una banda de ladrones que amenaza con incendiar sus casas y llevarse a sus mujeres.

