Día Mundial del Agua 

Guardianas del agua: mujeres que empoderan a sus comunidades

El liderazgo femenino dominicano se ha convertido en esperanza para la conservación del agua en las distintas regiones del país.

  • Cada 22 de marzo, el mundo conmemora el Día Mundial del Agua, una iniciativa impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para llamar la atención sobre uno de los mayores desafíos del planeta: la seguridad hídrica.
En muchas comunidades del mundo, son ellas quienes recolectan, administran y rotegen el agua en sus hogares, además de cuidar a quienes enferman cuando el recurso es escaso o está contaminado.

En muchas comunidades del mundo, son ellas quienes recolectan, administran y rotegen el agua en sus hogares, además de cuidar a quienes enferman cuando el recurso es escaso o está contaminado.Istock

Para 2026, el enfoque internacional subraya que enfrentar la crisis del agua requiere un cambio transformador que reconozca el liderazgo de las mujeres. En muchas comunidades del mundo, son ellas quienes recolectan, administran y protegen el agua en sus hogares, además de cuidar a quienes enferman cuando el recurso es escaso o está contaminado. Sin embargo, con frecuencia siguen estando ausentes de los espacios de decisión donde se define el futuro de los recursos hídricos.

En la República Dominicana, aunque los desafíos persisten, también existen historias que reflejan el papel activo de muchas mujeres en la defensa del agua. Desde organizaciones sociales, proyectos comunitarios o iniciativas personales, líderes dominicanas trabajan desde hace años para proteger las fuentes hídricas y concientizar a sus comunidades sobre el valor de este recurso.

Las experiencias de Ramona Ureña Herrera, Michela Izzo Gioiosa y María Ramona Rodríguez Peña muestran cómo el compromiso, la organización comunitaria y la educación ambiental pueden convertirse en herramientas poderosas para preservar el agua y garantizar su disponibilidad para las futuras generaciones.

Ramona Ureña Herrera: agricultura sostenible para cuidar las cuencas

En las montañas de San Cristóbal, Ramona Ureña Herrera ha dedicado gran parte de su vida a defender los recursos naturales de su comunidad. Con 64 años y formación como técnico laboral agropecuario, su compromiso con el agua nació en una época en la que el impacto ambiental de ciertas prácticas agrícolas comenzaba a hacerse evidente.

Encuentro con productores

Encuentro con productoresCortesía

Durante la década de los años 80, Ramona fue testigo de un fenómeno que amenazaba seriamente los ecosistemas de la zona: la práctica extendida de tumba y quema, un método de preparación de terrenos agrícolas que implicaba la deforestación de amplias áreas de bosque.

La devastación que esta práctica provocaba no solo afectaba los suelos, sino también las fuentes de agua. La desaparición de la cobertura vegetal comenzaba a alterar los caudales de ríos y arroyos, mientras las autoridades ambientales respondían con detenciones y sanciones a los agricultores que continuaban aplicando estos métodos.

Para Ramona, aquel momento fue un punto de inflexión.

Decidió que debía actuar no solo por su familia, sino también por su comunidad y por el futuro de la zona. Con el tiempo se convirtió en coordinadora del Comité de Protección de los Recursos Naturales de la microcuenca Haina-Duey, desde donde ha liderado procesos de educación ambiental dirigidos principalmente a los agricultores.

Uno de los mayores retos de su trabajo ha sido convencer a los productores de abandonar prácticas agrícolas tradicionales que deterioraban los ecosistemas. Cambiar una cultura productiva arraigada durante generaciones no fue sencillo.

Sin embargo, mediante reuniones comunitarias, talleres y procesos de acompañamiento técnico, Ramona y su equipo lograron impulsar una transición hacia sistemas agrícolas más sostenibles, como la forestería análoga, un modelo que busca imitar la estructura natural del bosque para combinar producción agrícola con restauración ecológica.

Este sistema no solo permite rehabilitar los suelos y aumentar la biodiversidad, sino también garantizar la disponibilidad de agua y alimentos para las comunidades.

Uno de los logros más importantes de este proceso ha sido la reforestación del 90 % de las tierras de la zona con cacao, una estrategia que ha permitido recuperar la cobertura vegetal y aumentar los caudales del río Haina, una de las fuentes de agua más importantes de la región.

En 2018, la comunidad dio un paso más al involucrarse en un proceso de protección progresiva de la cobertura vegetal de la cuenca alta del río. Paralelamente, un grupo de mujeres comenzó a trabajar en la industrialización del cacao, generando nuevas oportunidades económicas mientras se protege el entorno natural.

Para Ramona, el trabajo ambiental no puede separarse del desarrollo comunitario. Su visión es clara: proteger el agua también significa garantizar medios de vida sostenibles para quienes habitan en las zonas rurales.

Desde su experiencia, los desafíos actuales para la protección del agua son múltiples: la sequía, el crecimiento poblacional y el uso inadecuado de los recursos hídricos.

Por eso insiste en que la educación ambiental debe ser una prioridad, tanto en las comunidades como en las escuelas.

También considera fundamental que las autoridades apoyen los proyectos ambientales y promuevan más investigación científica y monitoreo de los recursos hídricos.

Michela Izzo Gioiosa: desarrollo sostenible para proteger los recursos

Para Michela Izzo Gioiosa, directora ejecutiva de Guakía Ambiente, el compromiso con la naturaleza comenzó desde la infancia.

Creció en un entorno familiar donde los recursos eran limitados y donde pequeños gestos cotidianos, como apagar las luces innecesarias o cerrar la llave del agua mientras no se utilizaba, formaban parte de la educación diaria.

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Ha trabajado durante más de dos décadas en proyectos de desarrollo comunitario vinculados al uso sostenible de los recursos naturales.Cortesía

Su abuelo fue una de las figuras que más influyó en esa conciencia temprana. De él aprendió que las decisiones más simples pueden tener un impacto real en el cuidado de los recursos.

Con el tiempo, esa sensibilidad se transformó en vocación profesional. Michela decidió orientar sus estudios y su carrera hacia la búsqueda de soluciones sostenibles para los modelos sociales y económicos, convencida de que el desarrollo solo puede ser viable si se gestiona de manera responsable el territorio.

Desde la organización que dirige, ha trabajado durante más de dos décadas en proyectos de desarrollo comunitario vinculados al uso sostenible de los recursos naturales.

Para Michela, el futuro de las comunidades humanas se definirá en torno a tres grandes desafíos: la seguridad energética, la seguridad alimentaria y la seguridad hídrica.

Incluso un país como la República Dominicana, relativamente rico en recursos hídricos, enfrenta desafíos importantes para garantizar su seguridad hídrica.

Uno de los problemas más preocupantes es la falta de información actualizada sobre el comportamiento de las fuentes de agua.

Según el Plan Hidrológico Nacional 2025-2045, desde 1993 se ha reducido significativamente el número de estaciones de monitoreo meteorológico e hidrométrico en el país. De hecho, desde 2008 apenas existen dos hidrómetros en funcionamiento.

Para Michela, planificar el uso del agua sin información confiable es extremadamente riesgoso.

“Es como planificar los gastos de los próximos veinte años sin saber cuáles serán nuestras fuentes de ingreso”, explica.

Ante este escenario, ha impulsado múltiples iniciativas para fortalecer la gestión sostenible del agua y el desarrollo comunitario.

Entre ellas destacan más de 45 microhidroeléctricas comunitarias, que generan energía limpia para más de 4,500 hogares y benefician a unas 22,000 personas.

También han desarrollado sistemas solares fotovoltaicos para uso doméstico, productivo y para el bombeo de agua, beneficiando a más de mil hogares.

Otro de los proyectos clave ha sido la construcción de acueductos comunitarios alimentados con energías renovables, que hoy suministran agua potable a más de 700 familias en diferentes comunidades del país.

A esto se suman iniciativas agroforestales de café y cacao que contribuyen a restaurar los suelos en zonas de cuencas hidrográficas, tanto en la República Dominicana como en la región fronteriza con Haití.

Gracias a estos proyectos y a la participación activa de las comunidades, se han logrado conservar más de 7,000 hectáreas de zonas montañosas, fundamentales para la protección de las fuentes de agua.

María Ramona Rodríguez Peña: agua para la dignidad de las comunidades

En San José de Ocoa, María Ramona Rodríguez Peña (Mercedes) ha dedicado su vida al trabajo comunitario.

A sus 74 años, esta promotora social ha sido testigo de cómo la falta de acceso al agua puede marcar la vida de comunidades enteras.

Su compromiso con la defensa de este recurso nació al escuchar de cerca las historias de familias que enfrentaban diariamente la escasez.

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Entre las iniciativas que ha impulsado destacan la construcción de sistemas de agua comunitarios en zonas rurales, incluyendo dos acueductos.Cortesía

Comprendió que el agua no solo es necesaria para beber o cocinar, sino que condiciona la salud, la educación y la calidad de vida de las personas.

“Cuando una comunidad no tiene acceso seguro al agua, las enfermedades aumentan, los niños faltan a la escuela y las oportunidades de desarrollo se reducen”, afirma.

Por eso, desde hace años trabaja junto a diferentes comunidades rurales para impulsar proyectos que garanticen el acceso al agua y promuevan su conservación.

Uno de los principales desafíos que ha identificado es la falta de infraestructura adecuada, a lo que se suma la contaminación de las fuentes y, en algunos casos, la falta de información sobre el uso responsable del recurso.

Cuando estos factores se combinan, la situación se vuelve aún más compleja.

Sin embargo, Mercedes cree firmemente que la educación ambiental y la participación comunitaria pueden transformar esa realidad.

Entre las iniciativas que ha impulsado destacan la construcción de sistemas de agua comunitarios en zonas rurales, incluyendo dos acueductos que hoy benefician a más de 800 familias en las comunidades de Cruz de los Corozos y Rancho Francisco.

Estos proyectos no solo se centraron en la construcción de la infraestructura, sino también en la organización comunitaria para su administración y mantenimiento, garantizando así su sostenibilidad a largo plazo.

Además, su trabajo incluye programas de educación ambiental y proyectos de reforestación y conservación de suelos, especialmente en áreas cercanas a las fuentes de agua.

El cuidado del agua, insiste, comienza con hábitos sencillos: evitar el desperdicio, utilizarla de forma consciente, proteger las fuentes cercanas y promover la educación ambiental dentro de las familias.

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