La fragilidad

La reputación, desde todos los ámbitos en que se percibe, es aquella valoración que se tiene de algo o alguien, sea buena o mala; es más o menos una explicación sencilla de esto que vamos a tratar. No sé ustedes, pero pareciera que cada vez más la palabra fragilidad se convierte en la cruz que debe cargar todo aquel que se engrandece de una buena reputación.

Y sí, en los tiempos de tanta información, bombardeos constantes, poca privacidad desde cualquier punto de vista que lo veamos y la seguridad escasa con la que vivimos, de la misma manera se encuentra la valoración que tiene cada uno de nosotros. Esa que nos cuesta tanto construir y que se destruye cual castillo de arena al contacto con el mar.

No es exageración cuando vemos casos constantes de figuras de renombre y, en ocasiones, sin serlo, que se ven sumergidos en escándalos o crisis, muchas veces desde un simple rumor o una realidad construida en cuestión de segundos; ya sea por una decisión propia o un tercero que provocó esa reacción que se traduce en desprestigio irreparable.

Obviamente que la reputación no es lo mismo para todo el mundo; en la vida cotidiana tenemos personajes que saben que esto no les importa un comino, la valoración que de ellos o ellas (lenguaje inclusivo) se tenga. Pero, para aquellos cuya imagen y generación de divisas depende de esto, es imperantemente necesario mantenerla lo más sana y a salvo posible.

Pongamos el escenario: Julius tiene 45 años de edad, 20 de ellos dedicados a la consultoría de inversiones de capital. Este es un perfil de persona responsable, con cientos de casos de éxito, confiable, honesto, líder, con una familia reconocida en amplios círculos y esferas de la sociedad.

Sin embargo, una dama, por el simple hecho de que no pudo conseguir un ascenso en la empresa, se le ocurre la brillante idea de iniciar un rumor malicioso con el objetivo de afectar, para derribar, ese proyecto profesional y personal que ha construido Julius durante dos décadas y que es parte del soporte que mantiene esa fortaleza firme, y es precisamente la reputación.

Utilicen sus mentes creativas para entender lo que esto significa, pues eso es lo que pretendemos evitar en este mundo de fragilidad “in crescendo”, aquella que, con un solo comentario en algo tan normalizado como un post de redes sociales, puede provocar en nosotros o nuestra marca una debacle de proporciones apocalípticas, sea esta de manera maliciosa o por ignorancia cognitiva.

El prestigio nunca es una característica que debemos pasar por alto, pero tampoco perderla sin luchar, dejarla pisotear y narigonear por nada ni nadie. Esa que pretendemos levantar cuando la han mancillado, la que no abandonamos porque estamos seguros de lo que vale y nos costó, esa palabra y su significado empírico en nuestro entorno social.

Y cuando no podés conseguirlo por tus propias manos, entonces es el momento de acudir a esos profesionales, esos que trabajarán en destruir esa fragilidad latente y reconstruir una reputación de dimensiones galácticas, porque ese trabajo no es fácil, no es sencillo, pero se logra y la satisfacción de devolver lo que se ha perdido es inexplicable.

Tampoco crean que solo se puede trabajar en recuperarla, también podemos ejecutar un plan para construir una nueva, una que nunca ha tenido o existido, pero con un plan y objetivos definidos se levanta, aun pudiendo percibirse como una misión imposible. En buenas manos, paciencia y ejecución, estoy seguro de que lo logramos en un 100 por ciento, aunque digan que la totalidad nunca ha existido.

¿Cómo podríamos lograrlo? Ja, ja, ja, ja. No, para eso ya tendrías que agendar una cita; los más osados lo harían con una plataforma de IA, pero no sean descarados, utilicen los servicios de profesionales, cuando sientas que una de las características más importantes que como profesionales podemos exhibir y que nos precede es simplemente esa: la reputación.

Valórala, cuídala, no la pierdas, no la regales, no la dañes por un momento de debilidad. En el presente quizás no vas a entender lo que vas a dejar ir, pero más adelante, en el futuro cercano, cuando quieras cerrar un contrato, vayas a una entrevista de trabajo, estés conquistando al amor de tu vida o simplemente tus padres se sientan más orgullosos de ti, ahí quizás sí lo vas a apreciar.

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