OTEANDO
Una efeméride de lauro compartido
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El genotexto de este artículo es una mirada retrospectiva con sentido de comprensión de la historia, una especie de topología fáctica que rechaza todo intento de interpretación (o manipulación) de esta, activada a partir de intereses aviesos, soportes de pseudoheroismos que la posteridad se encargará de ir desmontando en la misma medida en que sigan apareciendo voces desapasionadas que canten el himno de la verdad.
Todos los grandes hombres despiertan pasiones, positivas y negativas, y “la historia no se detiene en su movimiento”, muy independiente de nuestra visión del mundo. Por eso los hechos ocurren, y son los que ponen al hombre en actitud de asumir partido, siempre conforme su acervo -que define “el tamaño de su universo”-, mismo que les pone color y valor a sus decisiones.
Sé a lo que me expongo en una sociedad que, por la cercanía temporal, ve su historia reciente con el prisma de “los vencedores” -si bien estos pueden resultar no solo de la victoria bélica, sino también de los mitos fundacionales hijos de oportunas y portentosas destrezas narrativas-, pero, una sana hermenéutica reclama, permítanme repetirlo, comprensión más que interpretación (esta última siempre interesada) de la historia; asimismo, permite una explicación, si bien no una justificación de los hechos. Esto es algo en lo que he debido ser reiterativo para ponerme un poco a recaudo de los francotiradores panópticos creados por los forjadores de los indicados mitos.
Por fortuna, desde hace más de 13 años, abandoné la política partidaria, habiéndome dedicado a aportar a mi país a partir del ejercicio de una ciudadanía crítica, tarea tan difícil para mí como inaceptable por los que se han llegado a creer que solo los cobijados bajo una formación política pueden aportar.
Ergo, me siento con la moral suficiente para decir que la efeméride de abril no debería honrar solo a un bando de los concernidos en la guerra de 1965, habida cuenta de que, siendo una conflagración fratricida, bien merece que nos ubiquemos en las causas o motivaciones que definieron las acciones respectivas de estos y, después de valorar la situación geopolítica actual, estar en condición de poner decir que, si bien la intención pudo haber sido buena de ambas partes, los caminos por los que pudieron conducirnos los de determinado bando no parecieron entonces tan catastróficos como han resultado hoy.
Se impone entonces examinar cómo se ve hoy el capitalismo objetivamente y cuál fue el peso específico que tuvo la actitud del bando conservador en el desempeño de nuestra actual democracia.

