panoramo político

Abinader con mano de seda ante agitadores del ánimo público

En su empeño por hacer un gobierno bueno, que sea aceptado por todos los sectores, el presidente Abinader ha evitado que la mano represiva apriete el pescuezo de agitadores y cazadores de fortunas políticas, y que la turba encuentre miedo y aceptación.

Los funcionarios llamados a aplicar el imperio de la ley contra los agitadores de la calle, de los micrófonos y las turbas que últimamente están intranquilizando el ánimo público, quizás creen que deben seguir la política de evadir confrontaciones y sometimientos a la justicia.

La turba de motociclistas que mató a un ciudadano en Santiago, que fue visto desangrándose por quienes filmaban la escena del ataque para satisfacer el morbo del público, es el mejor ejemplo de la falta de justicia y de la inacción de las autoridades de la Policía.

“Asesinato de chofer por una turba genera indignación colectiva”, titular de portada del Listín Diario en su edición del lunes pasado, resumía en tan pocas palabras la conmoción del país ante un hecho horrendo que no tiene ninguna explicación, ni forma de excusa. Deivi Carlos Abreu Quezada dejó cuatro niños huérfanos.

Es otra cosa que piden las graderías. Las graderías piden cárcel y más contra los corruptos que han desfalcado los fondos de los contribuyentes y mano dura contra los que están dedicados al tráfico mayor y a los puntos de droga; reclaman que caigan cabezas.

Bajo la tolerancia y la protección de los derechos humanos, se están cometiendo crímenes atroces, la violencia se ha incentivado en los últimos años y la ley es letra muerta para muchos, particularmente para los motoristas y motoconchistas elevados al procerato.

Bajo la tolerancia y la protección de los derechos humanos, se están cometiendo crímenes atroces.

Bajo la tolerancia y la protección de los derechos humanos, se están cometiendo crímenes atroces.ARCHIVO/LD

Cuando los políticos declararon su a día los motoconchistas y le concedieron otros reconocimientos, dije que esas acciones de dudosa responsabilidad ocurrida en un gobierno anterior para conservar esos votantes, le acarrearía al país dolores, sudor y sangre.

Quizás en el caso específico del ciudadano Abreu Quezada, por su extrema gravedad y las exigencias de la opinión pública, se llegaría a una conclusión en que se aplique justicia. Otra cosa es que Santiago, a la par con su urbanismo y señales de civilización, se está degradando y convirtiéndose en una sociedad invivible.

En la capital los motoristas no obedecen regla. Durante el día y la noche debido al denso tráfico, suben por las aceras tocan las bocinas de autos que le han añadido a sus transportes casi en los oídos de los peatones, al decir de un viejo y sabio comunicador, “no son seres humanos”.

En la capital, los mozalbetes esperan que los agentes de tránsito terminen su horario laboral de las 9:00 pm, para dirigirse en bandadas hacia el centro de la ciudad por el Polígono Central y al Malecón, sin placas ni licencias de conducir para “calibrar” y hacer todo tipo de fechorías ante la mirada atónita de conductores que a veces optan por abandonar las calles.

El país entero reclama un poco más de mano dura, aunque se mantenga el respeto a los derechos humanos que el presidente Abinader tanto protege. No parece comprensible que las autoridades del país estén al mismo tiempo que con los ciudadanos que respetan la ley, y con los violadores que atracan, matan y asaltan las calles en sus motocicletas, sin que los que son pacíficos puedan hacer algo.

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