"El príncipe feliz", de Maika Teatro, o la magia de la felicidad compartida
Desde las simples soluciones de mixturas de algunas técnicas, permiten realizar un unipersonal visualmente dinámico que es hilvanado con narración oral.
"Principe feliz", de Maika Teatro, México, se presentó en la Feria Internacional de Títeres y Objetos (FITO-RD 2026).
Desde la ciudad de Durango, al norte de México, llegó a la Feria Internacional de Títeres y Objetos (FITO-RD 2026) la compañía Maika Teatro, con el unipersonal “El príncipe feliz”. Esta adaptación del clásico cuento de Oscar Wilde, del mismo nombre, es dirigida e interpretada por Alfredo Payán.
Con una duración de casi 50 minutos, este montaje, presentado en la Sala de la Cultura del Teatro Nacional, juega con la ternura y el asombro visual en un ambiente íntimo, pero a la vez mágico.
Tres espacios de dos niveles conforman el escenario. Los de arriba; uno a la izquierda y otro a la derecha está a la altura de una mesa normal para el manipulador.
Allí vemos distribuidos un farol, un banco de parque, varios edificios iluminados, incluso uno con su chimenea humeante y, por supuesto, la estatua del príncipe.
Escena del lPrincipe Feliz, Maika Teatro, México.
El otro, el tercero, se ubica más bajo, en el proscenio centro, donde sucederán más acciones y sorpresas escénicas que enriquecerán la puesta.
Entre humo, luces y música, se desplegará ante la audiencia una veintena de títeres que el manipulador irá animando activa y distintamente con voces y acciones caricaturescas para cada uno de los personajes.
Teniendo como técnicas principales los títeres de mesa y de sombra, Payán supo combinar títeres articulados y “desarticulados”, como los graciosos tres pequeños cabezones, que pasan de un espacio a otro sobre su carretón.
También hizo uso combinados de las técnicas de títeres de mano, dedos, bunraku, varilla, entre otros. Estas simples soluciones de mixturas de algunas técnicas, permiten realizar un unipersonal visualmente dinámico que es hilvanado con narración oral.
La fábula es la misma que la clásica ya conocida por muchos, solo que salseada suavemente con un poco de acento mexicano.
Desde lo alto de una ciudad, la estatua del Príncipe Feliz es admirada por todos. Pero él, desde su estatutaria posición guarda una tristeza profunda, pues ha visto muchos males que afectan a los distintos ciudadanos que cada día pasan por su frente.
Por fortuna, una golondrina viajera en su ir y venir aventurero le acompañará en su pesar para enfrentar y superar por medio de la solidaridad y la compasión las atrocidades de la humanidad.
El mundo de los títeres en la escena de Maika Teatro, de México con su montaje "Príncipe feliz".
Esta versión mexicana de Maika Teatro respetó la esencia de la narración original de Wilde, donde se aborda el valor de la generosidad, la amistad, el amor, la compasión y la empatía.
Manteniendo una universalidad temática y visual, desde la sátira, pero con sutileza, critica las desigualdades sociales, exponiendo personajes políticos, como el Alcalde que, con su poder e irracional accionar, afecta a la sociedad.
Por eso el Príncipe regala sus lujos, para ayudar. Se desprende de su riqueza, como sus ojos de zafiro, que son quizá metáfora de una nueva visión compartida de bienestar común.
La generosidad y la empatía con el prójimo, como vemos en la amistad entre el Príncipe y la Golondrina, se nos plantean en esta puesta en escena, pero no de manera pedagógica o aleccionadora, sino experiencial, como debe ser el teatro y como lo amerita el público más exigente, el infanto-juvenil y así como lo requiere una de las artes escénicas más difíciles como el títere.
Gran parte de los personajes se trasladan ingeniosamente por el espacio sobre carretas, atraviesan puentes de un espacio a otro.
Algunos vuelan por las sombras, otros caminan en la misma mano del titiritero, desde donde, igualmente, surgen y mutan otros más.
También se abren maletas que transportan a más escenas, para, desde otros niveles escenográficos, dialogar con la audiencia e integrarnos a la experiencia teatral.
La historia de este Príncipe antes triste y ahora feliz, nos hace cuestionar la importancia del desprendimiento material y la fuerza de la ayuda anónima como acto compasivo y puro.
La magia de este unipersonal de títeres radica en el cuidado y la precisión de las imágenes. La simpleza, pero cuidado al detalle. Lo tranquilo, pero dinámico.
Cuestiona e interroga, pero no alecciona panfletariamente. Cual demiurgo encarnado, el manipulador Alfredo, con una interpretación suave y acompasada, se apoya esencialmente en un discurso poético visual, que con técnicas certeras llena el espacio de una atmósfera mágica.
Para poder hallar, tanto en él como en nosotros, aquello que nos hace humanos “El Príncipe feliz” se desprenderse de todo bien material para compartir con los demás su riqueza más preciada: la magia de la felicidad compartida. ¿Y ustedes, ya encontraron la magia?

