QUO VADIS
“Esa es su naturaleza”
Joaquín Balaguer fue una persona que conoció muy bien la condición humana. El manejo del poder de manera tan dilatada le fue dando una idea clara de cómo se manifestaban las personas, desde sus más cercanos colaboradores hasta sus más enconados enemigos.
Poseía una visión profunda de la naturaleza humana, veía como los hombres eran volubles y propensos a la ingratitud y la codicia, movidos la mayoría de veces por sus intereses personales.
Para mí, entonces un mozalbete, era incomprensible como personas del círculo Íntimo del presidente sufrían una metamorfosis de repente: De un momento a otro se convertían de fieles colaboradores en los más acérrimos enemigos, detractaban de manera vehemente al jefe del Estado.
Un día le pregunté al presidente Balaguer, por un nombre específico de un funcionario, que por qué esa persona, después de estar tan cerca de él, se había convertido en su enemigo.
Su respuesta fue muy sencilla: “esa es su naturaleza”.
Cuando escuché esa simple frase, no entendí de inmediato el alcance de la misma, hasta que me preguntó si conocía la fábula de Esopo sobre “El escorpión y la rana”, la cual a seguidas me contó:
“Rana, ¡ven por favor!–¿Qué quieres de mí, escorpión?. –Tengo una urgencia y debo cruzar hacia el otro lado del río, ¿serías tan amable de llevarme sobre tu lomo?. –No puedo, eres un escorpión y en cuanto me acerque a ti me picarás y moriré. –Necesito cruzar al otro lado y no tengo tiempo para rodear el río; es una pena que no me quieras ayudar sólo porque soy un escorpión, yo no tengo la culpa de ser lo que soy.–Lo siento mucho, pero no puedo ayudarte o me matarías.–Por favor espera, te propongo lo siguiente. Acércate a la orilla del río y yo subiré a tu lomo mediante un salto, de ese modo estarás segura. Además, si yo te pico nos hundiríamos los dos, si tu mueres yo moriría también. La rana lo pensó una y otra vez, hasta que la explicación del escorpión la convenció de ayudarlo. –Está bien, te llevaré al otro lado. Justo cuando cruzaban sobre la mitad del río ella sintió un pinchazo en el cuello y mientras todo su cuerpo se adormecía alcanzó a preguntar: –¿Qué pasó? ¿Por qué lo hiciste?–Lo siento, no pude evitarlo, está en mi naturaleza…”
Así precisamente él conoció a muchas personas que no obstante haber beneficiado y otorgado honores inusitados, se convertían de repente en enemigos, no sólo del político, sino de la persona, denigrando alegremente al político.
En una ocasión le preguntaron sobre declaraciones destempladas de un personaje que fue ministro, respondiendo que: “servía menos que un pedazo de papel”
Balaguer tenía mucha aprehensión sobre la condición humana, pues fueron innumerables las veces que defraudaban su confianza, cuando algunos por traición o por instinto, buscaban hacerle todo el daño posible, aunque eso significara su propia ruina.

