Desde mi pluma
Hacer y seguir
Hay momentos en los que uno siente que está haciendo mucho y que nadie lo está viendo. Cumples con tus responsabilidades, apoyas a otros, resuelves situaciones y te mantienes constante, pero al final del día te queda la sensación de que eso no está siendo reconocido como esperabas en ese momento específico.
Esa percepción es más común de lo que parece, pero no siempre es cierta. La gente sí observa, aunque no siempre lo diga. No todo el mundo reconoce, ni valida, ni expresa lo que piensa. Eso no significa que tu esfuerzo pase desapercibido, sino que muchas veces el reconocimiento no se manifiesta de forma directa o inmediata en el tiempo.
El problema comienza cuando el valor de lo que hacemos depende de esa respuesta externa. Cuando esperamos que otros lo confirmen, cualquier silencio se convierte en duda. Y ahí es donde el esfuerzo empieza a sentirse más pesado de lo que realmente es y pierde parte de su sentido original con el paso del tiempo.
Por eso, es importante tener claro para qué se hacen las cosas. Si lo que haces tiene sentido para ti, si responde a tus principios y a lo que consideras correcto, entonces ya tiene valor por sí mismo. No necesita validación para ser importante ni para sostenerse en el tiempo.
El reconocimiento, cuando llega, se agradece, por supuesto, incluso podemos decir que alegra y alimenta un poco el ego (lo cual tampoco está mal a veces). Pero no puede ser la base de lo que sostiene lo que haces ni la razón principal por la que decides continuar. Al final, lo vean o no, tus esfuerzos son valiosos y deben responder primero a ti, no a las expectativas de otros.

