¡Adiós juventud!
Según establece la Ley General de la Juventud 49-00, esta se vislumbra entre los 15 a 35 años para definir qué sería ser joven legalmente en la República Dominicana (todavía me falta para cumplir mi ciclo), y a propósito de que ayer se celebró el Día Nacional de la Juventud en el país, es importante resaltar algunos estudios recientes que estiman que esta pubertad hiperextendida concluiría a los 45 años, lo que considero que muchos darían como válido que se ensanche por una década más, resultando en un gran aliciente para los nuevos adultos.
Fuera del contexto de lo que engloba una ley, podríamos establecer que la juventud es un estado de ánimo, sin importar la edad real de un individuo. Sería absurdo pensar que una persona de 36 años no pueda sentirse, lucir y actuar como joven solo porque un papel así lo establece, porque los ciclos de vida se cumplen y estos hay que vivirlos a medida que uno debe hacerlo, aunque muchas veces esta se manifieste de una forma tardía; entonces ya sería algo quizás para intervenir profesionalmente.
¡Adiós juventud! Esa que nos impacientaba cada día al levantarnos para ir al liceo, porque ibas a ver a esa compañerita que te gustaba, aunque estuviera en otro curso y solo podías verla en el recreo o cambio de hora, pero que nunca te atreviste a decirle nada y solo el recuerdo de una época nos queda.
¡Adiós juventud! De ese tiempo que pensábamos que hacer lo que otros hacían era cool, porque así podíamos ser parte de un grupo. Cuando nos retaban de que no éramos capaces de hacer cosas sanas y a veces hasta absurdas por el simple hecho de encajar.
¡Adiós juventud! A los años cuando nos dábamos el tiempo de poder pensar en el futuro más adelante, tener tiempo para poder ir a la universidad, disfrutar del tiempo libre, poder conseguir un trabajo para poder aportar en el hogar y darnos ciertos gustos. Además de juntarnos los viernes con el coro y poder tomar mezclando de todo sin resaca y acidez que lamentar luego.
¡Adiós juventud! Porque irse a estudiar un máster fuera del país era una meta, no simplemente por los estudios que habíamos logrado o la beca que pudimos conquistar, a sabiendas de que en muchas ocasiones no consiste solo en tener los números para tenerla, sino más bien una lotería alzarte con ella. También era el tiempo de poder viajar y conocer otros países y culturas, porque no solo de estudios vive el hombre o la mujer.
¡Adiós juventud! Cuando podíamos acostarnos tarde por estar hablando por teléfono con una novia, o las llamadas grupales para hablar cosas que podías hacerlo al otro día en el colegio. O dormirse a deshoras por estar chateando en esos grupos de internet de aquellos tiempos «no vamos a delatar a quien nos lo contó», hacer todo eso y levantarte como nada, hasta sin sueño y con ganas de correr una maratón, quizás.
¡Adiós juventud! Aquella cuando podíamos trabajar para ahorrar y comprar cosas para nosotros, aportar en la casa sin ese compromiso de que tenías que hacerte el responsable de ella. Juntar el dinero de un carro usado porque lo importante no era qué auto tenías, era que tuvieras uno y poder llevar a tus amigos en él para irte a los lugares donde las cosas se ponían buenas.
¡Adiós juventud! Porque podíamos hacer cualquier rutina de ejercicios y aunque nos pudiera doler todo en el momento, al otro día ir como si nada a darle con más fe; no era algo del otro mundo, un poco de suplemento y una que otra vitamina bastaba para estar con un cuerpo sin problemas, achaques o débil.
¡Adiós juventud! Que el tiempo se ha encargado de hacernos saber, entender y aceptar que los años pasan, pesan y pisan, por lo que solo queda vivir acorde a lo que toca, cumplir los ciclos y saber que entramos en una etapa que puede ser mejor que la que dejamos atrás; ya tenemos más conocimientos, sabidurías, metas y sueños alcanzados. Tal vez no con la misma energía, pero seamos honestos, qué bien la pasamos, ¿o no?

