columna invitada
¿Entiendo o solo respondo?
Muchas veces, cuando conversamos con los demás, nuestra mente de manera automática suele generar qué podemos responder después, pero no se detiene a analizar si realmente entiende lo que le están diciendo. La cuestión, que en las relaciones sociales resulta en la fórmula del juego, consiste no solo en responder, sino en comprender lo que se nos expresa.
Para mí, por ejemplo, responder es rápido; solo tengo que contestar algo para seguir la comunicación y, si se trata de un debate o discusión, el objetivo está fijado.
No obstante, el comprender requiere atención, empatía y silencio.
Está claro que, aunque la fórmula parezca simple, me he encontrado más de una vez pensando en qué contestar con inmediatez, pero no en entender lo que se me quiere comunicar. Un ejercicio sencillo que en la práctica me resulta casi imposible y más de uno sé que se pondrá en mi lugar.
Como es de esperar, uno que otro malentendido por ahí no he podido evitar, al tiempo que mis lazos afectivos sufren las consecuencias de mis prisas.
En el ejercicio de este autoanálisis, la propuesta a desarrollar se basa en tomar consciencia de lo que genuinamente escuchamos, haciendo pausas de ser necesario, en preguntarnos si lo que entendemos va por buen camino, recordando que el lenguaje es un constructo social que cambia con el tiempo y muchas veces lo que creemos escuchar o entender se suele alejar de la realidad.
Si la imaginación y el compromiso dan para más, diseñar un plan de acción comenzando por quienes más nos importan permitirá hacer de la práctica un hábito y así corregir eventuales brechas, siempre con la intención de entender y no solo de contestar.

