columna invitada
Año Nuevo, nueva yo
Ya es Año Nuevo. Tienes frente a ti un libro en blanco, pero solo tú decides cómo escribir tu historia.
No cometas el error de la mayoría; de no lograr comprender y asumir que el mundo cambia de repente, sin notar que el cambio real nace en uno mismo.
Y sí, es real. El año pasa volando frente a nuestras narices y, si nos agarra desprevenidos, terminamos dándonos cuenta de que el tiempo se fue sin que hiciéramos nada.
Al final, solo nos queda esa amarga sensación que carcome el alma: el peso de todo lo que quisimos hacer y nunca hicimos. Saber que deseamos hacer tantas cosas que dejamos pasar.
Pero eso lo puedes cambiar. Esta temporada es tu oportunidad de arreglar las cosas. Es tiempo de que pienses en el verdadero significado de que, si no dejas de hacer algo o no cambias, tu vida seguirá igual.
Mientras tomaba un paseo gratificante por mis redes sociales, me topé con un escrito un tanto cliché para mi gusto, pero en las profundidades de sus palabras no existe falsedad.
“No dejes nada para después... Después, el café se enfría. Después, pierdes el interés. Después, el día se convierte en noche. Después las personas crecen. Después, las personas. Después, la vida pasa. Después, te arrepientes de no haber hecho algo cuando tuviste la oportunidad”.
¡Oye! Lo que no sirve, se bota. No les concedas lugar a objetos y otros artefactos que ya no te funcionan. Abre espacio para que todo lo nuevo, bueno y lo de calidad llegue a tu vida.
Desde hoy esas típicas frases cliché puedes convertirlas en reglas de oro.

