Desde mi pluma
¿Hasta aquí llegamos?
Hace unas semanas escribía en este mismo espacio sobre una realidad que golpea a miles de dominicanos, la de quienes padecen enfermedades terminales o crónicas y deben luchar contra un sistema que muchas veces no les ofrece la cobertura de salud que necesitan.
Hoy, leer sobre la llamada Operación Cobra, que involucra a exfuncionarios de SeNaSa, devasta aún más al recordarlo, porque no estamos hablando únicamente de cifras frías. Hablamos de millones de pesos que, presuntamente, fueron robados y que estaban destinados a salvar vidas o a cubrir tratamientos.
Dinero que debía ser para los más vulnerables, para quienes no pueden pagar una clínica, un medicamento costoso, mucho menos un seguro privado, y que, según los expedientes, terminó en los bolsillos de los imputados.
Creo que la ley debe ser igual para todos, pero este no es un caso de corrupción más en la lista. Este toca fibras más profundas, porque se trata de un derecho fundamental e inalienable como la salud. Porque este caso (de confirmarse culpabilidad) nos lacerará por mucho tiempo en el futuro.
Lo que ocurrió en SeNaSa es un knockout que no debería convertirse en otra historia inconclusa para una sociedad a la que tantas veces se le ha prometido que la corrupción es cosa del pasado, que habrá consecuencias y que la justicia llegará, “caiga quien caiga”.
Este es, quizá, el caso más asqueante que me ha tocado conocer. Porque hasta en lo más bajo deberían existir límites, y la salud es uno de ellos. Indigna y repugna, porque con la vida de la gente no se juega.
En mi opinión, la justicia dominicana tiene aquí la oportunidad más importante para reivindicarse frente a un país que ha aprendido a desconfiar de todo. De no hacerlo, sabrá Dios qué será de nosotros.

