Una era en donde la verdad puede no ser real ¿Estamos listos?
Imagina que estás en tu lugar de trabajo y recibes un vídeo por Whatsapp en el que ves a un comerciante de renombre ofreciendo mil pesos a cada persona que publique o reenvíe este vídeo. En cuestión de minutos el audiovisual se distribuyó entre miles de personas a través de numerosos canales digitales, se viralizó, aun siendo falso. Se trataba de un Deep Fake.
Deep Fakes proviene de la combinación de “deep learning” (aprendizaje profundo) y “fake” (falso), y se refiere a contenidos audiovisuales manipulados mediante técnicas avanzadas de inteligencia artificial para que parezcan reales (Deep Fakes, Chesney, 2019). Inicialmente el objetivo era crear avatares o gemelos digitales para creación de contenido, dinamización de eventos, innovación en la enseñanza y aumentar el alcance de la comunicación de empresas e instituciones, esto en esencia supone una mejor experiencia para el usuario final, estudiante o consumidor.
Kevin Kelly, fundador de la revista Wired, enunció que “La tecnología amplifica la intención humana”, lo que se traduce en que no existen realimente herramientas buenas ni malas, todo depende del humano y lo que quiera hacer con ellas.
En la actualidad los vídeos y audios generados digitalmente se apoyan en Redes Generativas Antagónicas (GANs), para superponer rostros, imitar voces o alterar gestos con un alto nivel de realismo, lo que plantea serias implicaciones éticas, sociales, de privacidad, intimidad y seguridad, ya que pueden usarse para desinformación, suplantación de identidad o manipulación de opinión pública.
En los últimos meses instituciones como el Banco Central, y los Ministerios de Educación, Hacienda y de Interior y Policía se han visto en la obligación de pronunciarse públicamente ante la existencia y divulgación de Deep Fakes, los cuales han involucrado sus nombres, procesos y e incluso a sus colaboradores, generando un impacto directo a la reputación y que en breve lapso en algunos casos desató una crisis inmediata.
Todo esto nos lleva a preguntarnos “¿Tiene la población suficiente información sobre cómo confirmar, validar y corroborar la autenticidad de la información que recibe?”. La concientización es un esfuerzo conjunto de las autoridades estatales, la academia, y del ciudadano mismo.
Por otro lado, y apuntando a lo legislativo, aún no existen leyes explícitas sobre el uso y regulación de la inteligencia artificial en la República Dominicana, no obstante, sí existen conceptos claros de crímenes y delitos, que utilizando tecnología como medio, tienen consecuencias civiles y penales, es decir que el uso no ético de estas tecnologías podría ser perseguido judicialmente en búsqueda de justicia para las víctimas y afectados.
Como la academia, en la UNPHU hemos asumido el compromiso de generar actividades de sensibilización e invitación a nuestra comunidad a que cuestionen la información y a mantener la curiosidad y prueba de las numerosas herramientas que nos permiten crear más contenido de enseñanza. Hemos impartido talleres a nuestras autoridades, con herramientas como HeyGen, Synthesiay DeepBrain y Argiles posible crear un avatar o gemelo digital en cuestión de segundos con una inversión económica mínima.
Recordemos que, aunque el rostro sea prestado, la responsabilidad no lo es.
El autor es Director de la Escuela de Informática de la Universidad Pedro Henríquez Ureña UNPHU

