Un país ajusta... otro se endeuda
Dos presidentes, dos caminos
Entre tú y yo, las comparaciones no siempre son odiosas; a veces, son necesarias. Javier Milei asumió la presidencia de Argentina en diciembre de 2023 con una economía desbordada: inflación del 211%, déficit fiscal crónico, deuda disparada y un pueblo frustrado. Menos de dos años después —en apenas 18 meses— logró superávit fiscal, contención de la inflación, reducción de la pobreza, aumento del salario real y fortalecimiento del peso argentino. Todo esto sin más discursos, sino con decisiones firmes, concretas y, aunque dolorosas, efectivas.
¿Y nosotros? Más
deuda, menos inversión
En la República Dominicana, bajo la administración de Luis Abinader, los resultados cuentan otra historia. En lugar de reducir el déficit, lo hemos profundizado. En vez de recortar el gasto público, lo hemos expandido. La deuda pública consolidada supera el 63% del PIB, y para 2025 se proyecta que el 28.8% del presupuesto se destine solo al pago de intereses. En 2024 ya era un alarmante 25%. Mientras tanto, la inversión en obras de capital apenas alcanza el 2% del PIB: el nivel más bajo en décadas.
Un Estado que recorta, otro que engorda
Milei redujo ministerios, eliminó organismos improductivos y cesó a más de 34,000 empleados públicos. Aquí, el Estado sigue creciendo: se alquilan edificios costosos, se multiplica la nómina y persisten instituciones duplicadas. Argentina busca eficiencia; nosotros, un Estado más costoso y lento.
Menos subsidios en Argentina, más asistencialismo aquí.
Milei eliminó subsidios al transporte, electricidad y combustibles. Fue impopular, sí, pero ordenó las finanzas públicas. En contraste, aquí mantenemos subsidios al gas, combustibles , energía, alimentos y se amplían programas sociales... con deuda. Mientras tanto, los subsidios se han convertido en una constante política: al gas, la electricidad, el transporte y hasta la importación de alimentos. Sin una ruta clara de salida, terminan siendo una carga estructural financiada con deuda, más que una herramienta temporal de alivio.
Más salarios allá, más dependencia aquí.
Argentina redujo la pobreza de 52.9% a 38.1%, no con bonos, sino recuperando el salario real. El promedio salarial pasó de 300 a 1,100 dólares. Aquí, los bonos alivian, pero no resuelven. Alimentan una cultura de dependencia.
Reformas reales vs. promesas diluidas.
Milei impulsa una reforma estructural: reducción del Estado, apertura de mercados, privatizaciones y simplificación normativa. Y lo hace sin mayoría congresual. Abinader, con mayoría en ambas cámaras, no ha ejecutado una reforma fiscal, laboral ni estructural. El Estado sigue con los mismos vicios de siempre.
Formalización vs.
informalidad.
Argentina comienza a recuperar el empleo privado formal. Su riesgo país bajó de 1,923 a 760 puntos. Nosotros seguimos con más del 55% de informalidad laboral, sin reformas que estimulen el empleo productivo. Nuestro riesgo país se mantiene por las remesas y el turismo, no por reformas internas.
No es ideología,
son resultados.
No se trata de copiar a Milei ni de repetir su libreto. Pero sí de observar. Hay decisiones que transforman, y otras que solo postergan. La diferencia no está en la ideología, sino en los resultados.
Un llamado sereno,
pero urgente.
Este es un llamado a la madurez política. No podemos seguir viendo el poder como un botín. Entre tú y yo, cuando un país logra en 18 meses lo que parecía imposible, vale la pena mirarlo con atención. Lo que se hace bien merece ser observado. Y lo que hacemos mal, urge corregirlo.
Quizás el ajuste no sea crueldad, sino el primer paso hacia la responsabilidad.
Y tal vez el mayor error no sea fallar, sino seguir caminando en la dirección equivocada.
joaquinjoga@gmail.com

