PSICOLOGÍA
Transformación: los valores que no pasan de moda
Una reflexión sobre los principios atemporales y los emergentes antivalores que dan vergüenza. Esto a propósito de lo que estamos viendo con los fenómenos actuales de 'shows' que degradan a la mujer, al hombre o sea, la humanidad en sentido general, y espectáculos multitudinarios que llevan mensajes cuestionables, liricas ofensivas y embrutecientes (si es que existe este término).
Es momento de por lo menos cuestionarnos: ¿quiero ser parte de esto?
A lo largo de la historia, las sociedades han cambiado sus costumbres, sus tecnologías y hasta su manera de relacionarse. Sin embargo, existen ciertos valores que, a pesar del paso del tiempo y de la evolución de la humanidad, permanecen inalterables y siguen siendo pilares fundamentales para la buena convivencia.
Esto a propósito de lo que estamos viendo con los fenómenos actuales de 'shows' que degradan a la mujer, al hombre o sea, la humanidad en sentido general, y espectáculos multitudinarios que llevan mensajes cuestionables, líricas ofensivas y embrutecientes (si es que existe este término).
Es como si esos fenómenos adormecieran e hipnotizaran esa parte del cerebro llamada a una coherencia, lógica y razonamiento lógico, desde niños, jóvenes y adultos.
Da mucha pena, ver cómo se han adormecido entre imágenes y líricas que no llegan más allá de un “OH OH OH“ que resuena en los cerebros de muchos como si fueran las notas de un Mozart o un Chopin.
Cuando hablamos de valores, principios y de preservar una convivencia digna, para una sociedad tan bombardeada, no estoy hablando de un moralismo hipócrita, hablo de lo que serían esos valores atemporales que no presentan ninguno de esos espectáculos (que dicho y sea de paso dejan mucho dinero), ya que a lo que llevan es a todo lo contrario.
Cuáles son esos valores, que no necesariamente estamos apuntando como un discurso moralista, ¿más bien un discurso sano y de convivencia sana? Pues esos que trascienden a culturas y épocas, esos que por sus vigencias responden a las simples necesidades básicas y universales del ser humano para una convivencia de respeto y armonía.
Por ejemplo, la honestidad, el respeto, la responsabilidad, la solidaridad, la amistad genuina, la justicia. Y dejémoslo ahí. Ahora hágase la pregunta: ¿En esos programas con millones de vistas, dónde están esos valores?, y la otra: ¿Qué aprende la juventud al verlos?
Y con los conciertos multitudinarios de un individuo que pone a vibrar miles de personas con un léxico cuestionable, una lírica vergonzosa, y una frecuencia hipnótica: ¿qué se queda y qué se aprende?
Si se responde honestamente, se dará cuenta por donde anda el pensamiento, comportamiento y mirada de una sociedad.
Creo que es momento de por lo menos cuestionarnos: ¿quiero ser parte de esto?, o ¿me quiero sumar a modelar lo que quiero, no aceptar lo que, aunque la mayoría diga sí, yo voy a resistir porque es contaminante a nivel psicológico, emocional y auditivamente?
Hay muchos desafíos en modelar y vivir en valores atemporales, pero no es imposible hacerlo.
Carmen Virginia Rodríguez, M.A. Grupo Profesional Psicológicamente.

