MENUDO
Tres despistes en diez días, ¿serán los años?
Carmenchu Brusíloff
A veces dicen que es pérdida de memoria, en otras, falta de atención. Mas el hecho de tener tres despistes en solo diez días puede ser asunto de risa o de preocupación. ¿Serán los años?
¿Dónde está mi cédula?
En mi tarjetero, tengo siempre la cédula debajo de la tarjeta de crédito. En esta oportunidad la pongo con la libreta de ahorros de mi hija, para hacerle un depósito cuando tenga tiempo. Un par de días después voy a la Librería Cuesta a comprar dos libros, regalo de mi hijo Alexis. (Él me dio el dinero, pero yo pago con tarjeta para ganar millas).
Al sacar mi tarjeta veo que el espacio de la cédula está vacío. “¡Perdí mi cédula!” exclamo. Y empiezo a buscar en el celular los últimos cargos a ver dónde pudiera haberla dejado, aunque en ninguno de ellos la exigen. Voy a Altice. Allí buscan. “No, aquí no está”. Miro al frente, hacia el Banco de Reservas y pienso que no puedo hacer el depósito de Carmen porque no tengo mi cédula. Me alejo unos pasos. De repente recuerdo: ¡Es en la libreta que la puse!
Al pagar la tarjeta me falta dinero…
Antes de ir a pagar mi tarjeta de crédito al Popular, hago un cheque para cubrir una parte de los cargos. Para el resto cuento con dinero en efectivo. Acudo al banco. “Aquí está un cheque; y este dinero en efectivo para completar”, le digo a la joven entregándole el dinero. Delante de mí lo cuenta a mano y luego en la máquina. “Hay tantos...”, me dice. Era una cantidad inferior a la que creía que había entregado.
Empiezo a hurgar en mi cangurera, por si se quedaron los billetes sueltos, pero ¡nada! “Esto es grave” me digo. Me da los comprobantes. “Volveré otro día”. Al regresar a casa cojo la chequera para emitir un cheque. ¡Ahí está el dinero restante! ¡Vaya despiste!
Y no encuentro la funda de almohada…
En busca de un cubrecama “twin” con motivos estampados que vivifiquen una habitación visito varias tiendas. En todas las de marcas excelentes no hay estampados. En Aliss ocurre igual hasta que Daiana, una atenta empleada, me conduce hacia la estantería donde amén de tener estampados, el edredón está a precio especial: RD$ 990. Trae funda de almohada y tiene un estampado diferente a cada lado. ¡Qué ganga!
A poco de estar en casa saco el cubrecama, pero no veo funda de almohada. “Voy a llamar a la tienda a quejarme”, pienso. Luego razono: “Por eso es que estaba a precio tan barato”. Coloco el edredón sobre la cama.
Al día siguiente noto que un extremo de éste llega casi hasta el suelo. Me acerco para arreglarlo y ¡ahí está! La funda quedó colgando como si fuera parte del cubrecama… Si es un perro me muerde…

