EDITORIAL

Un llamado a recuperar lo esencial

Con ocasión de la Navidad, al presidente Luis Abinader le bastó un mensaje breve e incisivo para meter el dedo en la llaga de los males presentes en nuestra sociedad.

Sin necesidad de ahondar en detalles, puso en evidencia nuestras heridas al exhortar a los dominicanos a renunciar a la ambición desmedida por las riquezas y a rescatar los valores en disolución.

Más allá de una oportuna reflexión sobre el significado de la Navidad –el nacimiento del Hijo de Dios para redimir a la humanidad–, el mandatario enfatizó tres valores esenciales: el respeto, la honestidad y la humildad.

El gobernante nos invitó a compartir "el amor de nuestras familias, el abrazo de los verdaderos amigos y la fe que nos sostiene".

Pronunciadas en el clima de reflexión que propicia la Pascua, estas palabras destacan con fuerza ante la realidad opuesta que vive nuestra sociedad.

Hemos permitido que el tejido moral y las bases de la institucionalidad se resquebrajen de manera profunda.

La culpa la tiene, precisamente, el desdén con que hemos observado el crecimiento de una ambición desmedida por la riqueza.

Un cáncer que no solo corroe el cuerpo del Estado –como lo evidencian los escándalos de corrupción de los bienes públicos–, sino a toda la sociedad, presa de la inconducta y el irrespeto generalizado.

También el amor y la solidaridad familiar han ido en declive, ante episodios crecientes de violencia intrafamiliar, abandono de hijos y desatención a los más vulnerables.

El presidente llamó a los dominicanos a reencontrarse con lo mejor de sí mismos, como seres humanos y como país.

Una observación más que oportuna en una era donde se extingue el diálogo directo entre personas, reemplazado por el frío intercambio de mensajes breves en una pantalla.

En un entorno mediático saturado de ruido, odio y ataques desmedidos contra la honra, un mensaje como este cobra una relevancia capital.

Ojalá podamos entenderlo en toda su dimensión y que sirva de inspiración para que el país retome los valores perdidos y el Estado recupere las bases de su legitimidad.