Repensar la educación superior
La alarmante sobrepoblación de profesionales universitarios desempleados obliga al país a definir urgentemente una política de formación alineada con las necesidades reales de desarrollo.
El Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT) debe liderar este rediseño estratégico, articulando a todos los sectores que inciden en la generación de empleo y riqueza nacional.
Los datos son elocuentes: Somos uno de los países con mayor densidad de abogados del mundo (700 por cada 100,000 habitantes)
Por igual, carreras como Mercadeo, Contabilidad y hasta Medicina registran tasas insostenibles de desempleo profesional.
Nuestro editorial de ayer sobre la necesidad de una mejor política de empleo apenas rozó la superficie de este iceberg.
El problema se agrava por la falta de planificación, ausencia de monitoreo sobre demandas profesionales reales, limitaciones
formativas, así como la existencia de universidades sin capacidad docente ni infraestructural para ofrecer programas de vanguardia.
Un ejemplo crítico lo representa el hecho de que más de 30,000 estudiantes de una de esas universidades cursan Educación sin certeza de plazas en el sistema público.
Mientras haya universidades expandiendo sedes en zonas donde los graduados no podrán insertarse laboralmente ni en sus propias comunidades, no avanzaremos en desatar el nudo de esta crisis.
Algunas propuestas viables podrían incluir el rediseño territorial de dichas universidades con educación virtual.
Otra podría ser un financiamiento estatal focalizado, para subsidiar universidades locales que impartan formación virtual de calidad, reduciendo costos operativos y de infraestructura.
Resulta más eficiente que construir nuevos centros a 40 km de las comunidades, como señaló recientemente el Presidente.
También se impone una distribución presupuestaria equitativa, revisando el modelo actual donde el 80% del presupuesto de educación superior se concentra en la universidad estatal, mientras 56 instituciones comparten el remanente con el MESCYT.
Por otro lado, las empresas deben invertir proactivamente en formación especializada, no limitarse a criticar la preparación de los egresados.
Tenemos a la vista modelos a replicar, como el programa de becas del Banco Popular y las nuevas iniciativas del Banco de Reservas , que demuestran cómo el sector privado puede alinear la formación con sus necesidades.

