Dios tiene el control en medio del sufrimiento

En tiempo de adversidad y crisis mucha gente pregunta: "Si dios es amor, ¿por qué permite que la gente sufra?"

Muchos piensan que sufrimos porque Dios no está involucrado en el mundo que ha creado. Otros opinan que somos víctimas del destino. Sin embargo, la única respuesta veraz se encuentra en la Palabra de Dios. Desde que el pecado entró a la raza humana por medio de la desobediencia de Adán y Eva, hemos tenido que pagar las consecuencias a través de mucho sufrimiento, enfermedades, dolencias, plagas entre otros. Sin embargo, hay una promesa alentadora en la Biblia que dice: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). Es un error pensar que el causante de todas las enfermedades es el diablo aunque en algunos casos lo es. Satanás no tiene poder en sí mismo sino el que Dios le permite. El único que tiene control absoluto de la tierra y su plenitud, del mundo y los que en él habitan es Dios. En Deuteronomio 32:39 dice: “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano”. Dios controla quien se enferma y quien se sana y todas sus decisiones son para el bienestar de sus hijos, aun las que son dolorosas y prolongadas. Detrás de toda enfermedad está la soberana mano de Dios, como vemos en el libro de Job. Este hombre perdió sus hijos, sus riquezas y aun su salud. Sufrió una enfermedad que era una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y dijo Job: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:7-10). Luego Job recuperó todo lo que había perdido. Es importante reconocer que aunque pasemos por diversas aflicciones, todas las cosas nos ayudarán a bien y la providencia de Dios obrará para que lo que ha venido como algo malo se torne en algo bueno (Romanos 8:28). La meta de Dios para sus hijos no es traer enfermedades y dolores, sino purificarnos y acercarnos más a Él. Él desea que en medio de la debilidad y el dolor podamos encomendarnos en sus manos y tenerlo como nuestra única esperanza. Si nos enojamos con Dios en medio del sufrimiento, estaremos rechazando su amor. Dios nos ama y lo que estamos atravesando obrará para nuestro bien aunque en ese momento no lo entendamos. Toda aflicción tiene la intención de ayudarnos a confiar más en El. El Salmo 119:75 dice: “Conozco, oh! Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste”. Dios puede obrar un milagro de dos maneras. En primer lugar, Él puede responder de manera sobrenatural y sanar. En segundo lugar, Dios a veces no sana pero hace un milagro aún más grande. Dios provee su sobreabundante gracia para fortalecer a la persona y ayudarla a atravesar el sufrimiento en paz y confianza. El apóstol Pablo tenía un padecimiento al cual llamaba un aguijón en la carne. Tres veces pidió a Dios que le quite ese padecimiento o enfermedad pero Dios respondió que no lo sanaría pero que le daría la gracia para soportar (2 Corintios 12:8). Aun con ese padecimiento, el apóstol Pablo continuó con la misión de predicar el evangelio y escribir las inspiradoras cartas que hoy tenemos en la Biblia. Nunca se rindió ante el sufrimiento, sino que confió y cumplió su propósito a pesar de todas sus adversidades (2 Corintios 11:23-33). Dios tiene el control en medio del sufrimiento. El manifiesta su gloria cuando hace un milagro de sanidad y también cuando dice no y le da el milagro de la gracia para soportar la aflicción. ¡No desmaye! Para cada prueba, Dios tiene una salida. Él tiene el control de su vida.

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