Mundo fascinante
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A las 7:14 AM abro los ojos.
Miro el techo y pienso que ese abanico ya hay que cambiarlo. Veo que no es óxido lo que tienen las aspas. Lo que hay que hacer es pasarle un paño, limpiarlo carajo. Bostezo copiosamente y doy tres vueltas de soltero en una cama doble, diciéndome a mí mismo en silencio, casi sonámbulo: Levántate ya muchacho viejo, no barajes más y apaga de una vez el despertador, antes de que arranque a sonar esa desgracia. Entonces suena un muy aparatoso ruido de una turba entrándole a palos a un Grand Prix de 1971. Mi alarma es muy efectiva, basta con la amenaza de escucharla para saltar de la cama.
A las 8:35 AM suena el timbre.
Todavía en pijama, voy a la sala y oprimo el interruptor que abre la puerta del edificio, luego voy y dejo la puerta de mi apartamento abierta para que entre Gloria, la doméstica, al mismo tiempo recojo el periódico. Me devuelvo a la cocina a confirmar que quedó algo de café en el termo verde, tomo de un sorbo todo lo que sobró de ayer y al sentir ese embate amargo, me siento a ver mentalmente todo el día que asoma, como un atleta que va a correr un maratón, tengo todas las fuerzas del mundo, pero primero hay que bañarse.
A las 9:26
Ya aseado, desayunado y sabroseando mi primera taza de café caliente, pienso que debo escribir hoy mi artículo de la semana para este periódico y en un proceso muy similar al de cualquier oficinista, sólo que en pijamas y con un T-shirt con los sobacos agujereados, me siento en mi escritorio con la bandeja de café a mi lado y comienzo a desenvolver ideas, como si fueran mujeres que vivieran conmigo.
A las 10:30
Pienso que debo acostumbrarme a corregir mis textos cuando ya estén fríos, cuando ya haya pasado un buen tiempo desde que los escribí, pues eso permite que uno lea lo propio como si fuera ajeno, eso permite distanciarse del ego, enfriar todas las emociones y ser más objetivo, al punto que los errores salten a la vista.
Definitivamente es un mundo fascinante, por más terrible que sea nuestro despertador, ya sea en días, horas o segundos, sea como sea nuestro tiempo, es un mundo en que prima nuestra mente, aún sea recibiendo órdenes o dándolas, prima nuestra mente dando órdenes reales o ilusionando otras realidades y evadiéndonos. Hay golpes de realidad que nos hacen tomar con mayor certeza la ruta diaria, las rutinas, como el golpe que cada mañana me da el despertador, pero es indudable que el poder de la imaginación, de esa mente que llevamos y que nos lleva, eso que desarrolla nuestro mundo interior, es fundamental para enfrentar la realidad, la rutina, el diario vivir.

