Temporada Ciclónica 2025
2025: el año en que el calor cambió las reglas del clima
Este año, el planeta está experimentando una de las temporadas más inusuales e intensas de olas de calor registradas en décadas.
- Lo que más preocupa a los expertos es que estas olas de calor son cada vez más difíciles de predecir, más largas, más intensas y más letales.
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), julio de 2025 se perfila como uno de los más calurosos en los últimos 30 años.
Este año, el planeta está experimentando una de las temporadas más inusuales e intensas de olas de calor registradas en décadas. Desde Estados Unidos hasta China, y desde el sur de Europa hasta el Caribe, el calor extremo está rompiendo récords, poniendo en jaque a sistemas eléctricos, provocando incendios, afectando cultivos y cobrando vidas. Pero lo que más preocupa a los expertos es que estas olas de calor son cada vez más difíciles de predecir, más largas, más intensas y más letales.
¿Por qué las olas de calor son diferentes este año?
Un reciente estudio conjunto entre la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, confirma una tendencia alarmante: las olas de calor no solo serán más frecuentes, sino también más largas e insoportables. “Estamos ante una aceleración del calentamiento global que supera nuestra capacidad de adaptación”, advierten los investigadores. Las regiones cercanas al trópico, como gran parte del Caribe y Centroamérica, están particularmente en riesgo.
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), julio de 2025 se perfila como uno de los más calurosos en los últimos 30 años, incluso superando los picos del verano de 2023. A diferencia de años anteriores, en 2025 los llamados domos de calor —enormes burbujas de alta presión que atrapan el aire caliente— están formándose más rápido y en lugares menos habituales, como ocurrió recientemente en Canadá, el este de EE. UU. y el sur de Europa.
Un ejemplo dramático de este cambio se vive en España, donde entre mayo y julio se han registrado 1,180 muertes atribuibles al calor extremo, según el Instituto de Salud Carlos III. Esta cifra multiplica por 17 los fallecimientos del mismo periodo en 2024. El 95 % de las víctimas eran personas mayores de 65 años, y más de la mitad eran mujeres. La mayor parte de los decesos ocurrió en regiones del norte como Galicia, Asturias y Cantabria, zonas que tradicionalmente han tenido veranos moderados y que ahora muestran una vulnerabilidad creciente ante el cambio climático.
El Ministerio de Sanidad español ha calificado este episodio como “térmicamente excepcional”, con niveles de calor extremos nunca antes vistos y récords de temperatura media mensual que superan incluso los máximos históricos de 2017. Este cambio estructural ha obligado a activar 76 alertas rojas por calor extremo, en contraste con cero alertas en el mismo periodo del año anterior, lo que demuestra cuán drásticamente se han alterado las condiciones climáticas en apenas 12 meses.
La ola de calor y su impacto silencioso
Aunque otros fenómenos meteorológicos extremos como huracanes o inundaciones captan más atención mediática, el calor extremo mata más personas cada año. Solo en EE. UU., más de 14,000 personas han muerto directamente por calor entre 1979 y 2022, según la Agencia de Protección Ambiental. En Europa, el verano de 2022 dejó más de 61,000 muertes por causas relacionadas con el calor.
En el Caribe, aunque las cifras exactas son menos visibles, los efectos son igual de graves: estrés térmico en las personas, pérdidas agrícolas, sobrecarga de los sistemas eléctricos y un aumento en las enfermedades relacionadas con el calor, como la deshidratación y los golpes de calor. La Red Climática del Caribe (Caribbean Climate Network) ha advertido que las islas pequeñas están especialmente expuestas por su limitada infraestructura de respuesta.
¿Y qué pasa con República Dominicana?
República Dominicana ha registrado en los últimos años veranos cada vez más cálidos, con temperaturas que superan los 38 °C en el Valle del Cibao y zonas urbanas del Gran Santo Domingo. Según la Oficina Nacional de Meteorología (ONAMET), junio y julio de este año han mostrado temperaturas hasta 2 grados por encima del promedio histórico. Además, las noches son cada vez más cálidas, impidiendo el descanso y agravando los impactos sobre la salud pública.
El cambio climático está alterando también los patrones de lluvia. Con menos humedad del suelo, el calor se intensifica, afectando cultivos como el arroz, el plátano y la caña de azúcar, vitales para la seguridad alimentaria y la economía nacional.
Una amenaza que confunde incluso a los meteorólogos
Una de las principales dificultades que enfrentan los expertos es la capacidad de anticipar con precisión cuándo y dónde se formarán estos domos de calor. A diferencia de fenómenos como El Niño o el vórtice polar, que pueden predecirse con semanas o meses de antelación, las olas de calor tienen ventanas de alerta mucho más cortas.
“El fenómeno que más mata en el mundo es el calor extremo, pero lo hace de forma silenciosa”, advierte Zach Zobel, del Centro de Investigación Climática Woodwell. Además, el calentamiento acelerado del Ártico está debilitando la corriente en chorro —la "cinta transportadora" del clima global—, lo que hace que los patrones climáticos se vuelvan más erráticos y difíciles de desplazar.

