Mickey Mouse antes que La Gioconda
La cultura “pop”, la sociedad de la información y el arte para masas ha conseguido que Walt Disney supere a Leonardo da Vinci como artista favorito entre los jóvenes. Los personajes del creador estadounidense y las adaptaciones de cuentos tradicionales continúan vigentes en la actualidad. Además, los parques temáticos (Disney World y Euro Disney), que innovaron y se convirtieron en inspiración para otros, son de los más visitados. Leonardo es el ejemplo de hombre renacentista por excelencia. Disney es el paradigma de franquicia inagotable. El más importante creador de dibujos animados, el estadounidense Walt Disney, supera al genio renacentista Leonardo da Vinci como artista favorito entre los jóvenes británicos. …se es al menos el resultado de un sondeo efectuado por el Arts Council -organismo británico que se ocupa de las artes- entre jóvenes y adultos de este país. Los menores de veinticinco años sitúan a la novelista Jane Austen en la sexta posición, por delante del músico Bob Dylan o los actores Tim Burton y Marilyn Monroe. El resultado de la encuesta no es muy distinto entre los adultos aunque Leonardo da Vinci figure en este caso en primera posición, tal vez gracias a las últimas exposiciones dedicadas al genio en el Reino Unido. En segundo lugar, los mayores de veinticinco años colocan a Bob Dylan, seguido de Andy Warhol y Walt Disney, mientras que el pobre Pablo Picasso sólo figura en décimo lugar, detrás del cantante Bob Marley y el cómico británico Peter Kay. Mito y hombre. En torno a la figura de Walt Disney se hallan claroscuros, especulaciones, historias fantásticas y hasta unas inclinaciones ideológicas arriesgadas. Sin embargo, ni es oro todo lo que reluce ni es cierto todo lo que se dice. El hecho de que las páginas oficiales en Internet nos avisen de que los espacios virtuales son de la Compañía Disney es relevante en tanto en cuanto la obra y nombre del autor se han convertido en marca, una especie de franquicia con delegaciones en todo el mundo y seguidores de todas las edades. Sin embargo, Walter Elías Disney irrumpió en el mundo de la animación y lo revolucionó hasta tal punto que nunca volvería a ser el mismo. De hecho, por fin la industria dedicó parte de su atención a un género que parecía condenado al ostracismo, pues la mayor parte de su audiencia era infantil. Empero, éste fue el gran atractivo para las familias estadounidenses y del resto del globo que, veían en esas historias tragicómicas de el pato Donald, el ratón Mickey, el ganapán de Goofy y el fiel Pluto, entre otros, reflejos de los tiempos vividos y un acicate para los más pequeños, amén de una serie de adaptaciones que plasmaron la versión definitiva de algunos cuentos tradicionales en el imaginario colectivo. Este es el caso de Pinocho, Blancanieves, Cenicienta, Bella Durmiente, Alicia en el País de las Maravillas, el Libro de la Selva, dibujos que se han instalado en el subconsciente y ya hoy son la primera referencia que surge en nuestra cabeza cuando nos los mencionan. Son, en definitiva, estos “cartoons” una manera de entender el aprendizaje y educación de los niños; más allá de las especulaciones acerca de la raza de los personajes, ya que se llegó a insinuar que Disney adolecía de cierto racismo al no introducir más que gentes de tez blanca en sus cintas. Este detalle no es tan trascendental como el hecho de que el propio Disney testificara ante el Comité de Actividades Antiamericanas contra sus antiguos empleados, aterrorizado, como muchos compatriotas, ante una hipotética llegada del comunismo a Estados Unidos. Fue en ese período cuando se le presumió en el seno de las actividades delatoras de los confidentes del FBI, al que se le asoció en la época de Edgard Hoover. Defensor de lo artesanal en el proceso creativo, Walt desarrolló una parte de la cultura americana en sus 43 años de carrera en Hollywood. Nacido un 5 de diciembre de 1901 en Chicago (Illinois), fue uno de cinco hermanos. Sus primeros pinitos en el ámbito del dibujo ya se comienzan a vislumbrar en los primeros años de vida, cuando se había mudado con su familia al completo a Marceline, Missouri. A los siete años ya realizaba pequeños bocetos e ilustraciones para sus vecinos. En el Instituto McKinley de Chicago, Disney se interesó a partes iguales por la fotografía y el dibujo. Por las noches, la Academia de las bellas Artes le esperaría para agudizar sus habilidades plásticas. Llegó el color. La ciudad de Kansas se convertiría en el nuevo destino donde el joven Disney se aplicaría en la interpretación. Inspirado por la figura de Charlie Chaplin -Charlot- dedicaría su tiempo a pequeños papeles cómicos en teatros locales. En 1918, se alista y es rechazado por su edad, tan sólo 16 años, por lo que decidió intentarlo a través de Cruz Roja, con la que viajó a Francia. Su labor como conductor de ambulancias fue de vital importancia en la Primera Guerra Mundial. Más tarde y como otros grandes autores del tipo de Will Eisner, Alex Raymond o Harold Foster, decidió probar fortuna con el arte publicitario. “The Alice Comedies” fue su primera aventura animada y el fracaso que supuso le llevó a la bancarrota. Tan sólo contaba con veintidós años. Empero, el entusiasmo y empeño del joven Walt logró que entrara de cabeza en el mundo de Hollywood. La ayuda de su hermano Roy fue fundamental para montar su propio estudio. Casado en 1925 con una de sus empleadas, Lillian Bounds, en Lewiston, Idaho. Más tarde tendría dos hijas: Diane y Sharon. Tres años más tarde, daría vida a Mickey Mouse. Contemporáneo a la llegada del Technicolor, Walt Disney se apoderó de la patente y, durante dos años le permitió ser el único en realizar animaciones en color. Ya en 1937, trae el primer largometraje: “Snow White and the Seven Dwarfs” (“Blancanieves y los siete enanitos”), que costó 1,499,000 dólares de la época en plena depresión. A pesar de su atareada situación, su hija Diane diría de él que papá nunca faltó a su función como padre sin importar que yo no se lo recriminara. “Oh papá, no es necesario que vengas. Es algo estúpido. Pero siempre estaba ahí, a tiempo.” Propaganda al servicio de las tropas. En 1940, Disney apoyó la causa aliada a través de propaganda animada destinada al Ejército. Al finalizar la contienda mundial, se estrenaría en 1945 el musical “Los Tres Caballeros”, combinando ya imagen real con dibujada. El primer parque temático se inauguró en 1955 con un presupuesto de 17 millones de dólares (algo magno en aquellos tiempos) y fue visitado por más de 200 millones de personas. Walt pudo compartir trabajo con el genial pintor surrealista Salvador Dalí. El español tuvo varios encuentros y entabló amistad con el norteamericano para ilustrar un cortometraje en 1946 de nombre “Destino”.

