REFLEXIÓN

Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?

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Lily Badui de MoralesSanto Domingo

En el “Evangelio de hoy”, Jesús pregunta a los discípulos quién dice la gente que es Él, y ellos contestan que Elías, o uno de los profetas, o Juan el Bautista. Y después de escuchar sus respuestas, les pregunta directamente qué piensan ellos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro es quien se lanza a dar una respuesta: “El Mesías de Dios”. Los judíos esperaban que Dios enviara a su Mesías para establecer el Reino de Dios, universal y eterno. Pero un Mesías con poder político, militar y social. Jesús era, en verdad, el Ungido de Dios, el Mesías, pero su reinado era de santidad y de vida, de justicia, de amor y de paz, reino caracterizado por el amor y el servicio. Por eso, indica en seguida: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”, dejando claro que quien quiera seguirle “se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará”. El seguidor del Señor no va en busca de honores ni fama. La condición que pone Jesús para seguirle es la disponibilidad absoluta para conducirnos, para orientarnos hacia la construcción del Reino que Él inició negándose a sí mismo para cumplir en todo la voluntad del Padre. Mi amiga Caludia decidió tomar su cruz aceptando la voluntad de Dios , al recibir en sus brazos la bendición de su bebé con síndrome de Down , sus ojos se llenan de emosción, ternura y amor al hablar de su bebé, inesperada situación, pero por la gracia de Dios que ha depositado en su corazón de madre amorosa, y confiada en su Padre de que todo resulta para bien a los que creen , ella toma su cruz con amor y la abraza. Si la pregunta: Y ‘ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’ nos la dirigiera Jesús a nosotros hoy, ¿qué diríamos? Nuestra respuesta no puede quedarse sólo en palabras, sino que nuestra vida misma debe contestarla, por el testimonio de lo que Jesús es para cada uno de nosotros, nuestra tercera pata del trípode, que nos dieran en nuestro cursillo de crisitiandad. Y si no sabemos todavía hoy responder quién es Jesús para nosotros, cuestionemos nuestro cristianismo y seguimiento del Señor.

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