Tribuna del Atlántico

Frenazo al oro

La historia está llena momentos en los que el oro es fuente de controversias, guerras y luchas, símbolo al mismo tiempo de riqueza o avaricia, motor de engaños y traiciones.

En la memoria colectiva está, quizás para siempre, la sabichosería de los conquistadores, cambiándoles oro por espejitos a los indígenas de la isla.

Empeñado en aprovechar los recursos mineros de la isla, el Gobierno ha concedido permisos de exploración minera en San Juan de la Maguana, así como en la cordillera Septentrional, provocando el rechazo de sectores de San Juan y de la región del Cibao, donde las luchas las encabezan sacerdotes como el padre Nino Ramos y otros.

El domingo cientos de personas marcharon en San Juan en contra del proyecto de la mina Romero, que impulsa la empresa Goldquest Mining, provocando la decisión del presidente Luis Abinader, el lunes, de ordenar detener el proyecto.

El rechazo al proyecto de Goldquest, ponía bajo una misma sombrilla, a la Diócesis de San Juan de la Maguana, la Academia de Ciencias, el senador Félix Bautista, dirigentes políticos de diferentes colores y hasta a la Antigua Orden Dominicana, que siempre está presta a las luchas sociales, aquí y allá. Ahí sólo faltaron, para los que los extrañan, los dirigentes de la Marcha Verde, antes tan activos.

La minería genera recursos a los países, eso es innegable, el problema es que el costo ambiental de esa explotación, suele ser alto y, lo que es peor, las comunidades no perciben beneficios directos de la acción que se da en su territorio.

Los fondos los recibe el Gobierno de turno y los mete en el paquete del presupuesto, para hacer cosas aquí y allá y cuando las hace, no quiere decirle a las comunidades, hicimos este puente con los recursos que dejó la mina, por una razón sencilla, eso no da capital político. De ahí que la gente no crea en los beneficios de la minería.

Además de que, en general, la gente no siente a los gobiernos verdaderamente capaces de hacer cumplir a estas empresas, con las medidas ambientales que permitan remediar el daño que causa su labor.

En San Juan, como en nuestra región, la discusión esencial es el impacto de la minería, sobre el cada vez mas escaso recurso agua, por aquello de que “el agua es vida”.

Pero la discusión se hizo excluyente, no valen entonces estudios de impacto ambiental, ni sesudos análisis de expertos, en gran medida porque no se procedió a una labor de convencer a la gente del costo – beneficio del proyecto. Parado San Juan, que nadie hable del de la cordillera.

Apenas el CONEP, ha salido en defensa del proyecto minero, por lo que sus posibilidades son nulas, el 2027 es año preelectoral, el Gobierno evitará temas conflictivos, así las cosas, Goldquest puede ir recogiendo sus bártulos, hasta ver si después del 2028, hay algún viento más propicio.

Sensible a las protestas, la actual administración, como si tuviera en mente la novela de Juan Bosch, no ha querido que el oro le robe la paz, de que ha disfrutado la mayor parte de estos 6 años, una paz preciosa, en momentos en que, producto de la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán, los combustibles alcanzan niveles históricos y el impacto inflacionario es inevitable.

El frenazo al oro, parece la única opción sensata que tenía el presidente Abinader, para evitar que se encienda la pradera, en momentos en que hay que hilar fino, por los conflictos internacionales.

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