Un mejor sistema de justicia comienza en el aula

Enseñar derecho no es transmitir normas: es formar mentes capaces de interpretar la realidad, cuestionar lo establecido y construir justicia. Esa fue una de las lecciones centrales de la recién celebrada Conferencia del Poder Judicial Dominicano, donde el debate pedagógico ocupó un lugar destacado entre magistrados, docentes y académicos comprometidos con la renovación de la cultura jurídica nacional.

El punto de partida fue el método del caso, nacido a principios del siglo XX en la Escuela de Derecho de Harvard, cuando su decano Christopher Columbus Langdell propuso que los estudiantes aprendieran derecho no memorizando códigos, sino analizando sentencias reales. La idea era radical para su época: el aula como laboratorio donde cada fallo judicial se convierte en material de estudio, debate y descubrimiento.

En la República Dominicana, este enfoque encuentra su materia prima más valiosa en la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia y en los precedentes del Tribunal Constitucional. Cada sentencia es un texto vivo que condensa hechos, argumentos y decisiones; cada precedente, una ventana hacia los valores que la sociedad dominicana ha acordado proteger.

Pero el método del caso cobra su mayor potencia cuando se acompaña del método socrático. El docente deja de ser oráculo y se convierte en guía: formula preguntas en lugar de ofrecer respuestas, tensiona los argumentos del estudiante y abre contradicciones donde parecía haber certezas. Quienes hemos vivido ese método desde el aula lo recordamos con claridad. Maestros como Eduardo Jorge Prats, Manuel Fermín, Maritza Capellán, Miguel Valerio, Julio Miguel Castaños y Juan Manuel Guerrero (EPD), entre otros, encarnaron precisamente esa forma de enseñar: una pedagogía que no entrega respuestas sino que obliga a construirlas, y que invita al estudiante a ser más crítico y más justo en sus opiniones, porque aprender a argumentar bien enseña también a escuchar y a dudar de las propias certezas.

Desde esa capacidad crítica nacen, en el aula misma, las preguntas que el derecho necesita. Son los juristas bien formados —entrenados para preguntar, para dudar, para razonar desde principios— quienes actualizan el derecho a las exigencias del momento, sin esperar que la ley los alcance.

Estamos, además, en el mejor momento para impulsar este modelo. La Escuela Nacional de la Judicatura ha puesto a disposición de docentes y estudiantes JURISTECA, una plataforma de búsqueda inteligente que da acceso a la jurisprudencia de todos los tribunales de la República. El caso que ayer era difícil de encontrar, hoy puede estar en pantalla antes de que termine la clase.

Lo expresó con precisión el Juez Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Henry Molina, en un encuentro con estudiantes en la PUCMM: “No se trata solo de formar mejores abogados o mejores jueces, sino de construir un mejor sistema de justicia. Y esa tarea comienza, necesariamente, en las aulas.” La Conferencia del Poder Judicial lo reafirmó: los docentes deben orientar, no dictar; provocar, no resolver.

Escribo estas líneas justo cuando arrancan las clases de verano en la PUCMM, donde tendré el privilegio de acompañar a un nuevo grupo de jóvenes en Derecho Administrativo y Seminario de Administración Judicial. Es, cada vez, una oportunidad renovada de poner en práctica lo que se predica. El método existe. Los precedentes están. La tecnología acompaña. Solo hace falta la voluntad de enseñar y aprender.