Tribuna del Atlántico

Una visión crítica sobre el teleférico

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, ese al que conocemos como Pablo Neruda, poeta inmenso, ser humano con manchas, escribió unas memorias que habrían de conocerse luego de su muerte y que tituló, Confieso que he vivido.

El título nos basta para este artículo, lo que confiesa Neruda es una obviedad, a menos que lo interpretamos como sinónimo de la intensidad de su vida, de las luchas, de sus amores.

Yo también, puedo confesar que he vivido, no con la intensidad del chileno, ni de figuras como Hemingway, pero a estas alturas, he perdido el miedo de decir lo que pienso, aunque parezca problemático o hasta impertinente.

El lunes se anunció, finalmente, la licitación para la construcción del teleférico de Puerto Plata, una noticia buena, que tiene un lado malo, ante el cual no puedo, no quiero, quedarme callado. Podemos echarle las culpas a las canas, que ya copan toda la parte de mi cabeza que aún tiene cabello, o a lo que usted quiera.

Es la misma preocupación que expresé en el artículo: “20 meses y un chin más”, el tiempo que se ha tardado para poner en marcha la solución a la situación del teleférico, desde que se anunció su cierre en junio del 2024.

Se puede argumentar, como se hizo en el acto, que se buscaba hacerlo bien, se puede atribuir al afán de hacerlo con transparencia, habrá quien recurra a teorías conspirativas, en las que personalmente no creo, pero vamos a estar claros, no hay razones objetivas para tomarse 22 meses para anunciar lo que se anunció el lunes y, me explico.

En julio del 2024, en la Plaza Independencia, el ministro David Collado dijo que se realizaría en un plazo de 18 a 24 meses, con una inversión de 20 millones de dólares, lo mismo que se anunció el lunes.

Dijo en esa ocasión que Turismo aportará 5 millones de dólares, ahora son 6, casi lo mismo.

Ahora se anuncia que el IDAC aportará también 6 millones de dólares, eso es una positiva novedad.

Lo diferente es que entonces se dijo que se iba a hacer con un fideicomiso, el cual fue dejado sin efecto, ante las críticas de la población y ahora la unidad responsable es URBE.

En el camino estuvo FITRAM, que presentó un proyecto de 64 millones de dólares, una cifra claramente fuera de las posibilidades del gobierno.

Todos los técnicos con los que he hablado, desde el día 1, han fijado en alrededor de 20 millones la solución integral, moderna y con mas capacidad de pasajeros y menor tiempo de traslado, incluyendo las obras civiles.

Algún mal pensado pudiera atribuirle intensiones mal sanas a aquella propuesta, 44 millones de “dólares americanos” más, no son “paja de coco”, y nosotros que hacemos dulces de cocos, sabemos de eso.

En ese ir y venir, se ha perdido un tiempo precioso, si se toma en cuenta que, luego de concluida la licitación se necesitarán, al menos 24 meses para que vuelva a operar.

Estamos hablando de que en el mejor de los escenarios, esta provincia tendrá fuera de servicio, uno de sus principales atractivos por 4 años, 48 meses, como si nada

Habrá quien me diga que lo importante es que ya se va a hacer pero el periodismo está llamado también a señalar, fallos, errores y dilaciones.

Reconozco los logros de la actual gestión en materia turística, crecimiento en la llegada de visitantes, articular la visión y la ingeniera financiera, para hacer posible proyectos como Punta Bergantín, por ejemplo.

Pero no presentar una visión crítica sobre el tiempo que le ha tomado poner en marcha la solución de esta problemática, sería una irresponsabilidad de mi parte.

Como ya he confesado que, como Neruda, he vivido, mi deber es decirlo.