Desde mi pluma
Alerta Amber
Cada vez que desaparece un niño o un adolescente en nuestro país, se siente como un golpe lo conozcas o no. De inmediato empiezan a circular fotos por WhatsApp, Instagram y todas las redes sociales acompañados de mensajes, en cuestión de minutos miles de personas difunden la imagen con la esperanza de que alguien pueda reconocerlo y dar una pista.
Es la reacción natural de una sociedad que, frente a la incertidumbre y con empatía, intenta ayudar como puede. Pero también es una señal de que muchas veces la búsqueda depende más de la voluntad de la gente que de un sistema organizado que actúe con rapidez.
Por eso es importante el paso que acaba de dar la Cámara de Diputados al aprobar en primera lectura el proyecto de ley que crearía en el país el sistema de Alerta Amber. Este mecanismo permitiría que, cuando desaparezca un niño o adolescente en circunstancias de riesgo, las autoridades puedan difundir de inmediato su información: su nombre, su fotografía y los datos necesarios para ayudar a localizarlo.
La lógica es que mientras más rápido se difunda la información, más ojos estarán atentos y mayores serán las posibilidades de encontrar al menor. En muchos países este sistema ha demostrado que la rapidez puede marcar la diferencia entre una tragedia y un final esperanzador.
En nuestro caso, la Alerta Amber ayudaría a organizar esa solidaridad que ya vemos cada vez que un caso se vuelve viral en redes sociales. Convertiría esa reacción espontánea de la ciudadanía en un mecanismo oficial, rápido y coordinado.
Ahora el proyecto debe continuar su curso en el Congreso antes de convertirse en ley. Y como ciudadanos debemos estar atentos a ese proceso. Porque, al final, no esperamos menos de nuestros congresistas. Fueron elegidos para pensar en el bienestar de la gente. Queremos seguir viendo leyes que protejan, que prevengan y que respondan a las necesidades reales del país, sobre todo cuando se trata de la seguridad de los niños.

