Lo que le pasó a Hawái
Cuba, como Valencia ayer (capital de la resistencia republicana ante el avance franquista), se encuentra hoy asediada por el fascismo. La determinación de los yanquis es volver a hacer de Cuba “un garito”, donde los Marines puedan desembarcar y orinar sobre Martí. Pretenden asfixiar la isla reforzando el bloqueo económico (y ahora militar) y amedrentando al mundo que quisiera venir en su ayuda. Buscan que sea el hambre lo que desencadene la desesperación popular y justifique la anhelada intervención.
Son peores que el colonialismo que, en 1898, se apoderó de Puerto Rico, Hawái y Filipinas y tuteló a Cuba, escamoteándole la independencia respecto de España. Todos los países del mundo, y especialmente los de Latinoamérica, corren hoy el riesgo, si no lo son ya, de convertirse en un Hawái. Cuba está en la primera línea de ese imperialismo insaciable que hoy amenaza con apoderarse de ella. La solidaridad con Cuba es de principios políticos y humanos y va más allá de un solo país. En Cuba se juega la dignidad de todos los pequeños. Porque, retomando a Martí, cuando hay países que pierden el decoro, hay otros que representan, en sí, el decoro de todo el mundo.

