SIN PAÑOS TIBIOS
“Hannibal ad portas”
Luego de la victoria total y tras haber masacrado a ocho legiones, el camino hacia Roma quedaba abierto para Aníbal (Hannibal). Lo de cómo, tras la ejecución táctica más brillante de toda la historia militar (Cannas), le siguió el error estratégico más fatal y letal (no tomar Roma), daría para otro artículo. Lo cierto es que, al llegar Aníbal al pie de sus murallas, encontró a una ciudad derrotada y quebrada moralmente; una que estaba aterrada con la sola idea de que el cartaginés estuviese a sus puertas.
Para Roma, “Aníbal a las puertas” significaba el fin del orden establecido (los acuerdos tras la primera Guerra Púnica); la quiebra del status quo en el mediterráneo; la ruptura de la estabilidad y las leyes; la llegada del caos y la anarquía. El desastre fue tal, que más de 2,000 años después la expresión se utiliza para indicar el temor ante el riesgo inminente; el pánico ante el miedo; el terror ante la idea de aniquilación.
Hoy, tras décadas viviendo bajo una Pax Americana que se deshace por voluntad propia, el mundo despierta con la misma incertidumbre. Culpar a Trump es la salida más fácil, pues evita hacer los cuestionamientos necesarios para determinar cómo llegamos hasta aquí.
Durante años, el liderazgo occidental se auto complació mientras concienzudamente iba martillando todos los clavos en el sarcófago de Occidente y todo lo que representa, más allá del plano económico. Hablamos de valores intrínsecos que rigen a ambos lados del Atlántico; de libertad, democracia, igualdad, debido proceso, etc. Todo eso quedó a un lado cuando se decidió deslocalizar y privilegiar la ganancia a corto, sobre la estabilidad a largo.
La explicación más simple sería reducirlo todo a la decisión de un hombre (los marxistas de verdad estarían horrorizados ante ese planteamiento). Las corrientes de la historia no fluyen de esa forma, los procesos hacen a los protagonistas, no al revés.
En la lógica de ese proceso de “destrucción creativa” (Schumpeter), lo malo debe morir para que lo bueno pueda nacer. Como todo parto, el proceso será doloroso, así que toca respirar y centrarse.
Para Erredé, asumir a Estados Unidos como aliado –par excellence– y cuadrarnos a él [y con él], no es sólo nuestra única opción, es nuestra mejor opción. Hace bien el gobierno en apoyar sus iniciativas y en demostrar que es un aliado confiable, creíble y leal. Nuestra ridiculez demográfica y la cercanía a la “frontera imperial” no da margen para más. Realpolitik, se llama.
La salvación es personal. Que bien lo sabe Europa, que firmó su acuerdo arancelario y de colaboración con Mercosur (17 de enero) y con India (27 de enero); o Canadá, que firmó con Indonesia –septiembre pasado– y busca firmar con ASEAN y Ecuador este año; o Gramsci, que dijo que “El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

