Reminiscencias

Reminiscencia del alma. Sin reproche

“Discurso del 09 de diciembre de 1993.

A Don Juan, in memorian

II

Nuestra organización, la FNP, surgida siete años después, sin contar con los elementos básicos para alcanzar la velocidad de un crecimiento parecido, ha tenido de frente, en realidad, el denuedo ejemplarizante de Juan Bosch. Fueron sus vicisitudes vitales y sus espaldas victoriosas de las más viles estocadas de las traiciones y delaciones, las que imantaron las corrientes del gran flujo de dominicanos que se fueran amadrigando en el PLD, dicho esto sin desmedro de la brillante pléyade de hombres y mujeres que lo secundaran en la tarea de labrar este instrumento primordial del pueblo, cuya eficacia social y política logró abatir el descreimiento y aunó voces serenas y limpias del patriotismo para edificar la formidable decisión generalizada de que no todo está condenado a perderse entre los entresijos del dolo y las desvergüenzas.

Hoy, para poder evaluar la proeza socio-política que son hombre y partido, quizás sea preciso regresar por la guardarraya del recuerdo al tremedal de 1973.

El miércoles 25 de septiembre de 1963, después de siete meses en el cargo, Juan Bosch fue derrocado por un golpe de Estado y sustituido una forma de gobierno de tres personas, denominada triunvirato.

El miércoles 25 de septiembre de 1963, después de siete meses en el cargo, Juan Bosch fue derrocado por un golpe de Estado y sustituido una forma de gobierno de tres personas, denominada triunvirato.LISTIN DIARIO

Juan Bosch quiso ser veraz (que es una sublime expresión de éxito), y abominó del otro género de éxito execrable que viene constelado de las tentadoras oportunidades y bajezas del poder.

Su intemperancia, que ha sido tan crudamente censurada, venía a ser salvadora de múltiples aspectos de la vida nacional, poniendo ésta a resguardo de apestantes claudicaciones.

Sólo así, hoy, se podrían comprender tales cosas, con creciente claridad. En el fondo, las muestras de acritud y el rehusamiento de las fáciles y hábiles salidas del ardid han sido y seguirán siendo necesarias.”

Se refería a la traumática experiencia de la abstención electoral del Acuerdo de Santiago en las elecciones de 1974.

“El país precisará seguramente para el inmediato porvenir de esas reservas morales, acompañadas de cierto grado de beligerancia, pugnaz, si se quiere, siempre que sea para mantener principios que nos alejen de turbias maquinaciones y nos levanten a los ojos del mundo como lo que en verdad somos: un pueblo virtuoso, sufrido y digno.

“Pero bien, echadas por delante esas reflexiones, me debo referir a cierta expectación y no poca curiosidad despertadas por saber cuál habría de ser nuestra línea de conducta en esta situación de encrucijada en que se debate la sociedad nacional.

Siempre sostuvimos que nuestro aliado por excelencia tendría que ser nuestro discurso político y que, de consiguiente, todas aquellas fuerzas políticas y sociales, compatibles con sus posiciones, eran nuestros aliados virtuales.

No hemos padecido de jactanciosas euforias, alegando irreales principalías; nos cogimos de la mano de la modestia, sin dejar desvanecer las energías de nuestros reclamos y planteamientos; sin arrogancias persecutorias, sino más bien como amonestaciones cautelares ante el aquelarre del proceso nacional en trance de gangsterización de sus cuadros colectivos de mando y dominio convencionales.

También de la toga tutelar de Lincoln, hemos utilizado un juicio sobre la ruina que veía llegar en la inminencia de la guerra, cuando clamaba por la unidad, pero agregaba: “Me refiero al creciente desprecio por la Ley que empieza a reinar en nuestro país.”

Nos hemos cuidado de ser humildes, al tiempo que flamígeros en las demandas del reproche social para el alud de inmoralidades en que se nos ha pretendido sepultar, no para mirar por encima del hombro a nadie, sino para convocar a los generosos dominicanos del pueblo llano a desechar los peligros de una gerencia política enloquecida por el hedonismo y diabólicamente adherida a los patrones alienantes de la riqueza fácil e ilícita.

Son tan escasas las excepciones que resulta inútil su señalamiento, dado que cada día son mayores los grupos de audaces que hacen un credo de la rapiña en los planos más diversos y desconcertantes.

Así las cosas, cuando se han amontonado todos los trastornos sobre los débiles hombros de una nación zarandeada y fatigada de exacciones; cuando su maceración y reblandecimiento parecen abrirse paso como prerrequisito para su desaparición; cuando se hace intolerable y asfixiante el desbarajuste institucional, nuestros mensajes han sido orientados a procurar la convocatoria de los hombres y mujeres de las mejores y más firmes convicciones para unificar los esfuerzos de todos y derrotar este estado de cosas desastroso, cuya definición más sencilla y contundente la expresa el pueblo al decir “ni debe quedarse lo que está”, “ni debe volver lo que estuvo”. Como si su clarividente juicio de pueblo burlado y victimado lo llevara al amargo convencimiento de que ambas son manifestaciones de fracasos de intensidades parecidas.

De ahí surgió esta iniciativa de alianza. Dirigentes importantes de las dos organizaciones han diseñado un acuerdo que hoy se firma sólo por método, porque pudimos cumplirlo a cabalidad, hasta sin dar pelos de los bigotes como prendas para honrarlo.

No creo necesario, ni oportuno, dedicar palabra alguna a la hondura de este compromiso. Está avalado de antemano por los comportamientos respectivos.

Pero, sí quiero plantear algo como una vertiente de mi enfoque personal sobre el acuerdo. Tomaré de nuevo a Lincoln como brújula.

En una ocasión, siendo parlamentario, en momentos en que se discutía uno de esos sórdidos intereses que saben encenegar los parlamentos, dijo: "Realmente, no veo ante mí sino un pleito de políticos; un grupo de hombres, que además de los intereses del pueblo, tienen también los suyos, quedando bastante distanciados, al menos como grupo de la gente honrada.”

Observen cuidadosamente la cita que el orador utilizaba para advertir a los aliados.