PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA
Los creyentes ante el año nuevo
Un año nuevo siempre da miedo. Desconocemos lo que nos traerá. Muchos buscan orientación en los horóscopos y predicciones de agoreros. Otros se arrodillan piadosamente delante de las recetas con las buenas prácticas que, les traerán felicidad. Los que piensan que los acontecimientos son regidos por fuerzas impersonales tratan de alcanzar su favor quemándoles incienso o liberándose de lo negativo de sus vidas y hogar, lanzando un rebosante cubo de agua hacia la calle desde la puerta de entrada de su casa.
¿Qué nos aporta la Iglesia católica para enfrentar el año nuevo? En las lecturas del día primero del año, la Iglesia nos invita a acoger el mejor de los deseos de nuestros hermanos mayores judíos: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz" (Números 6). Israel llegó a intuir que la verdadera felicidad no tiene que ver con lo que tenemos, sino con quién nos relacionamos. Por eso cuando expresaba el mejor de sus deseos para la gente que amaba, les deseaba: ¡ojalá que el Señor te bendiga, ilumine su rostro sobre ti y te conceda tu favor!
Con las lecturas del primero de enero, la Iglesia católica nos invita a vivir cada día del año con esta certeza: desde que Cristo nació entre nosotros hemos conocido el rostro de Dios y su favor. Nada más favorable que su salvación y el nombre de Jesús significa: “Yahvé salva”. No necesitamos consolarnos con nuestros buenos deseos, sino con la salvación que Dios ya nos ha regalado en Cristo naciendo entre nosotros.
No necesitamos mendigar orientación acerca de cómo vivir el año nuevo, porque ya se nos ha dado el Espíritu Santo como lo recuerda Pablo en Gálatas 4: “Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abbá! (Padre)." No necesitamos escrutar los signos del zodíaco, sino discernir por dónde nos lleva el Espíritu. No somos los esclavos de fuerzas tiránicas, sino los hijos de Dios, llamados a apropiarnos su proyecto de salvación.
Finalmente, nuestra Iglesia nos invita cada día a dar gloria a Dios como los pastores por lo que vivimos y aprender con María a guardar en nuestros corazones lo valioso de la vida.

