Pensando

A la sazón de Senasa

En su historia, la industria farmacéutica ha sido económicamente una de las más rentables del mundo; pero hoy, que caminamos hacia el nuevo orden criminal, la farmacéutica no ha sido la excepción de la mano del crimen organizado. 

En RD estamos viviendo un desfalco que ha atentado contra el derecho a la vida y la responsabilidad denegada a la administración transparente de los recursos del Estado, que deben solventar, no solo la medicina, sino el tratamiento de la salud de toda una sociedad, que aspiraba al compromiso sacrosanto del cumplimiento y respeto de la prevención de las enfermedades, y que jamás imaginó que se llegaría al delito de lesa humanidad que hoy afecta a los más necesitados de la familia dominicana. 

Una red mafiosa representa como principal activo la manipulación inescrupulosa de la vital necesidad del hombre, en su lucha por lograr la salud y con ella su calidad de vida. 

En este salvaje proceso contra el ser humano en un país tercermundista como el nuestro, la práctica de estas mafias es conseguir grandes fortunas con la adulteración y administración de los medicamentos y procedimientos médicos, con la complicidad de funcionarios gubernamentales que deben pagar estos atropellos de salvajismo, en una sociedad que se disuelve en el caldo de la criminalidad y el dolo.

 

En manos de la justicia y el apoyo de la presión social está la responsabilidad de aplicar sentencias y resultados ejemplarizantes, que devuelvan la confianza a un sistema que, en manos de la delictiva connivencia de la dirigencia política, ha lesionado mortalmente el respeto a la vida de sus ciudadanos.