Ideando
Saturación televisiva
La televisión dominicana, así como las redes sociales, gracias a su democratización, ha permitido que cualquier persona pueda tener un espacio y emitir opiniones sobre lo que conoce y lo que no.
La parrilla televisiva del país está repleta de todo tipo de contenido. Es un arcoíris de espacios donde ya no caben más.
A partir de las 5 de la mañana, el día nos saluda con las más variadas ofertas de programas que recogen los hechos locales e internacionales de mayor relevancia. Desde el canal 2 en adelante solo se ven y se escuchan los más variopintos espacios de análisis de todo tipo.
Ese fenómeno se da en cualquier horario del día y la noche, siendo los relacionados con el análisis social y político los de mayor presencia, los cuales, a veces se abordan con éxito y otras veces con un desparpajo desconcertante.
Abundan las entrevistas complacientes, los entrevistadores necios, los cronistas comprometidos, los "imparciales" de la prensa, las groserías partidarias, las crónicas rosa que atropellan, el lenguaje que denigra, en fin, los espacios cargados de todo tipo de intereses, vacuencias e incuria.
Lógicamente, como en toda regla, hay excepciones que se destacan por su profesionalidad, sus juiciosos comentarios, análisis certeros e inteligencia, en fin, queda una reserva que la banalidad del populismo no ha podido anular y que coloca por encima de todo la ética, la calidad y la serenidad.
No abogo porque exista restricción en tal sentido, pero si propugno porque exista un mínimo de exigencia para poder tener acceso a esos espacios y hacerlo con un mínimo de exigencia.
Los dueños de los canales televisivos deberían velar porque lo que se dice y se hace desde sus plataformas tenga un mínimo de rigor técnico, de decencia, de prudencia y profesionalidad.
Ellos deberían cuidar la reputación de sus medios, que es como cuidar la suya.

