PUNTO DE MIRA
El enemigo nunca traiciona
El secuestro de Nicolás Maduro es un punto y aparte en este tramo de la lucha por mercados que libran las grandes potencias. Con la operación militar que en dos horas borró 12 años de gobierno Estados Unidos advierte que no acepta competencia en su zona de influencia.
La económica cirugía política perpetrada contra Venezuela trajo sobre el tapete la antigua ley del más fuerte que no sé dónde se la promulgó pero que seguirá dando que hablar, entre tanto, otra cruda expresión circula: “el enemigo no traiciona” para subrayar que Maduro fue víctima de una traición de su entorno que lo negoció bajo la mesa.
Los analistas políticos coinciden en que la noche del día 3 de enero Maduro cenó rodeado de la traición porque solo así se podía ejecutar una operación tan limpia. Ni una luz de bengala, nada alteró la noche de un país supuestamente en alerta de guerra. La realidad venezolana cambió.
El mundo despierta a una nueva era donde son innecesarias las más máscaras, pocas horas después de la captura de Maduro el presidente Donald Trump dejó en claro que el petróleo venezolano es norteamericano y que ahora rige la “doctrina Trumroe”. El empresario encabeza la gesta de reposicionar el dólar como la moneda de cambio y por eso echará a patadas a los que ingresen a su patio petrolero.
Desde hace mucho Trump dice que instituciones creadas por Estados Unidos para gestionar su era ya eran inútiles y por eso impone otras reglas de juego y revalida su zona de influencia. En secreto se trazan un nuevo mapa y los Brics guardan silencio ante la certeza de que la diplomacia está de vacaciones.
El mundo se despertó a la nueva era donde son innecesarias las máscaras porque la diplomacia carece de oficio ya que la guerra dejó su olor a pólvora para usar la fragancia del dinero. La doctrina “Trumroe” sin tapujos se lanza a reposicionar el dólar como la moneda dominante. Trump, el elegido para impedir la caída del imperio, desalojará a patadas a los invasores de su patio. Su acción impune muestra también que es una validación de las zonas de influencia.
Conforme con esto Trump dejará Ucrania negociada con Rusia para concentrarse en su pugna contra China. La jugada geopolítica manda que EE.UU. para competir con su rival asiático aumente manufactura y devalúe su moneda obligándolo a vender con pérdidas sus bonos americanos y que además aumente las compras de petróleo ruso al cerrarles el comercio con Venezuela.
Los aliados a dos bandas en el mundo Brics se plumearon al percatarse que el mundo basado en reglas se quebró y como es una alianza comercial, no tiene un pacto de apoyo mutuo en caso de guerra y carece de una fuerza militar con bases por todo el mundo.
La gran industria militar sabe que su negocio, como las funerarias, no existen sin muertos, sin preocuparse por la demografía, hacen grandes inversiones en instrumentos que más gente mate. La lucha entre los elefantes seguirá porque hay que sobrevivir en una lucha peor que la de los animales.
Le hegemonía global es un reparto entre iguales, eso es una realidad pura y dura. Estados Unidos, como heredera del idioma y estilo de Gran Bretaña, lucha contra otros dos antiguos imperios y no es por la salvación del mundo sino en busca de una mercancía llamada dinero.
En su limpieza de América Trump habló de Colombia y Cuba mientras en Venezuela, por mandato de la Suprema Corte de Estados Unidos administrará ese país nombró un nuevo gobierno interino y se incautó todo el petróleo. Que nadie se engañe, el Tío Sam está vivo y dispuesto a todo.

