SIN PAÑOS TIBIOS
Venezuela, año cero
¿Por dónde empezar? Todo ha sido muy rápido, caótico, imprevisible. Vamos, todo un blietz [krieg] de manual. Si “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, entonces, lo que pasó la madrugada del domingo en Caracas tan sólo fue lo que se decidió en Washington hace un tiempo.
El problema nunca fue militar, ni su resolución estaba supeditada a los contrapesos vigentes durante la Guerra Fría. El problema era esencialmente político, y no desde la lógica interna venezolana, sino, en función de las posibles repercusiones en la política interna de los Estados Unidos y los cuestionamientos que una resolución manu militari pudiera generar en las bases del trumpismo.
Agotados todos los niveles de la diplomacia coercitiva, y cerrada la vía voluntaria de abandono del poder por parte de Maduro –propuesta a finales de diciembre–, el mecanismo de “Resolución Absoluta” fue activado.
Si bajarse del tigre es más complicado que subirse a él, qué hacer el día después del “Día D” era la gran interrogante. En función de un análisis de costo-beneficio, una operación militar tipo “Causa Justa” (1989) o “Libertad Iraquí” (2003) era la última opción posible, no en razón (como soñaban algunos) del riesgo de encontrar resistencia armada, o la desaprobación de las grandes potencias y el resto de la comunidad internacional (risible), sino que, en estos tiempos, una baja militar norteamericana en terreno, pesa más en las redes sociales y en la opinión pública que en el plan de batalla… y el presidente Trump, experto comunicador, lo sabe.
Por eso, cada comunicado de cada acción realizada desde septiembre a la fecha, escrupulosamente señalaba la inexistencia de bajas o heridos, porque, en el relato, el liderazgo debe mostrar signos de infalibilidad absoluta.
Iniciado el despliegue militar en el Caribe, cada eslabón agregado a la cadena que cercaba a Maduro fue una oportunidad que el régimen desperdició para lograr una solución negociada, dejando a Trump en la inevitable lógica de resolución militar para romper el punto muerto, evitar el desgaste y cortar el nudo gordiano de la única manera en que Alejandro demostró que podía hacerse: de un solo golpe.
Ahora toca arreglar lo que apenas está dañado. El régimen está intacto, pero tocado… o, mejor dicho, advertido. La dictadura nunca fue individual o madurista, ha sido siempre colectiva y chavista. La realpolitik se impone y poco importa si hubo traición, negociación, cobardía o eficiencia militar de relojería; lo que toca es gestionar la transición… sea lo que sea que eso signifique.
El edificio del derecho internacional ha volado por los aires; los principios de Westfalia y Viena han sido removidos; el orden post Yalta/Potsdam ha estallado. La Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana es clara, demasiado, quizás. Las esferas de influencia se reafirman… y cada imperio tendrá la suya. En definitiva, Venezuela es lo de menos, lo esencial es el precedente, porque impactará y afectará a todos… sin excepción.

