SIN PAÑOS TIBIOS
La Navidad está en nosotros
La Nochebuena es democrática. Sin importar clase, raza, ideología, raza, la Nochebuena en República Dominicana, más que una cena, se convierte en un momento de unión familiar donde el compartir vale más que el consumir… sin desmeritar esto último, obvio.
El calendario litúrgico católico se agota, el nacimiento del Niño Jesús es inminente; aunque todos sepamos que no nació un 25 de diciembre, ni mucho menos en un año cero (inexistente, por demás), porque también sabemos que Dionisio El Exiguo se equivocó en el cálculo de la fecha; a diferencia de Constantino, que no sólo no se equivocó, sino que intencionalmente hizo coincidir el nacimiento de Jesús (la luz del mundo) con la fecha de celebración del Sol Invictus; la bacanal instituida por Aureliano para celebrar los primeros días después del Solsticio de Invierno, cuando la luz solar comenzaba a vencer la oscuridad, tras la noche más larga del año. En fin, un “Montro” del mercadeo, el tal Constantino.
Apropiación cultural aparte, la estrategia católica fue exitosa. La superposición de la celebración del nacimiento del Hijo de Dios sobre la fecha del nacimiento del sol invicto, permitía que los nuevos creyentes se sintieran a gusto celebrando, sobre todo cuando el sacerdote que oficiaba la Santa Misa vestía las indumentarias y ornamentos que usaban los sacerdotes paganos, y los cultos se realizaban en los mismos lugares donde unos años atrás se realizaban los rituales de las antiguas religiones.
Cuando el imperio absorbió al cristianismo (o el cristianismo al imperio, da igual), todo se hizo más fácil, y la iglesia iría asumiendo cada vez más poder terrenal hasta la Querella de las Investiduras; luego, todo sería un suave rodar hasta la Revolución Francesa, sin importar que en los 600 años de por medio, ese poder papal decidiera todo en la Tierra y en el cielo, ya fuera a punta de inquisición, hogueras, tormento o guerras santas.
A pesar de que todo ese control saltó por los aires, o mejor dicho, rodó por el suelo cuando la guillotina empezó a funcionar con eficiencia y elegancia pasmosa en la Place de la Concorde; a pesar de que la religión ha cedido, el laicismo ha avanzado y hoy la sociedad vive un vacío existencial que no puede ser llenado con nada material; a pesar de todo ello, subsiste en el fondo el remanente más importante; ese que centra toda una celebración que para algunos carece del sentido espiritual que antes tenía, en una ocasión propicia para confraternizar con nuestros seres queridos, y, aunque sepamos que es una noche más, la asumimos como algo especial.
Y quizás, por eso lo sea, porque sentimos en nuestros corazones esa necesidad de ver en lo simple (cenar con la familia), la oportunidad de hacer algo grandioso (celebrar el nacimiento de Jesús, dando gracias a Dios, por todo y por tanto).
La Navidad, después de todo, quizás sea eso.

