Pensar 1965 en el 2025
La historiografía ha demostrado que el progreso humano no es lineal ni tampoco concomitante con la prosperidad de sus élites dirigentes. Todo lo contrario: cuando la bonanza económica y el poder político de un país son exclusivos de clases dirigentes, se producen retrocesos muy serios en el desarrollo de los pueblos.
La República en armas, liderada en 1965 por el presidente Caamaño, fue un ejemplo de valor patriótico y de un Estado social y democrático. A pesar de la contingencia bélica a la que se enfrentaba, la historia generó un liderazgo que supo producir y administrar dignidad universal, ese estatus republicano que asigna igual importancia social a todos los seres humanos de una comunidad, incluyendo la internacional. Por eso lucharon los constitucionalistas desde el Copello.
Sesenta años después de aquella epopeya que resistió las embestidas de la intervención militar de los Estados Unidos, el gobierno que prometió en 2020 cambiar la historia nacional por una más justa y democrática, parece haberse convertido hoy en la base de operaciones de las políticas más retrógradas en la región (persecución de inmigrantes, concentración de poderes, invasiones, etc.).

