EDITORIAL
Enfrentar la realidad del país
Toda sociedad necesita un equilibrio entre la carga de noticias negativas que recibe y las acciones que le dan esperanza para seguir adelante.
En nuestro país, sin embargo, el fardo de las carencias es tan grande que opaca, en gran medida, las virtudes y los aciertos.
Para el ciudadano honrado, su día a día es una prueba constante: levantarse para ir a trabajar o buscar empleo, soportar el tráfico o las dificultades del transporte, y encontrarse en el mercado con alimentos y medicinas a precios prohibitivos.
A este trajín se suma que, al llegar a casa, no tiene agua para bañarse y, cuando se acerca la hora del descanso, lo recibe un prolongado apagón. El drama es abrumador.
Lidiar con estas carencias es la cotidianidad de millones de dominicanos.
A su alrededor, solo observa un clima de inseguridad ciudadana, un deterioro de los valores morales, impunidad frente a la corrupción y el crimen, y servicios de educación y salud de baja calidad.
Lo más grave de este complejo panorama es que no se percibe ningún esfuerzo creíble para superar estas realidades.
Una especie de conformismo y una lucha por la supervivencia ocupan a los sectores pobres y medios del país, mientras que aquellos que tienen la responsabilidad de impulsar los cambios parecen confiados, creyendo, despreocupadamente, que lo están haciendo muy bien.

