SIN PAÑOS TIBIOS

¿Intervención en Venezuela?

La sociedad dominicana aborda la realidad de forma maniquea. Blanco y negro, frío o caliente, caro o barato, bien o mal, etc.

Extrapolando al presente, muchos pretenden que la discusión sobre la situación política en Venezuela se decodifique así, y que, parados frente al espejo de la historia de un país dos veces invadido por el “imperialismo yanqui”, reprimamos cualquier argumento o sentimiento que promueva, justifique o valide una intervención militar directa en Venezuela por parte de Estados Unidos (EEUU), con el objetivo de sacar al chavismo/madurismo del poder.

El Manual de la Corrección Política Dominicana obliga a rasgarse las vestiduras, y los apologistas de la libre determinación de los pueblos están listos para utilizar los dedos acusadores de sus manos y señalar a cualquiera que se desvíe de la narrativa vigente desde Abril de 1965. Es decir, desde una lógica maniquea donde no hay grises, apoyar una intervención de EEUU en Venezuela sería atentar contra la soberanía de su pueblo y asumir la condición de “lacayo del imperialismo”.

Esto es curioso, precisamente porque gracias a la injerencia de un país (Cuba) en la política interna y soberanía de otro (República Dominicana), y a su decisión ilegal (según el Derecho Internacional) de promover la violencia, subversión y lucha armada en su territorio (Expediciones del 14 de Junio de 1959), fue que aquí se pudo iniciar el proceso que dio al traste con la dictadura trujillista (Y a los cubanos, gracias por eso). Como también, gracias a los venezolanos, que promovieron las sanciones de la OEA que aceleraron las contradicciones internas del régimen y precipitaron su caída.

Aunque –claro–, según los apologistas de las dictaduras de izquierda, el ejemplo anterior no aplica, porque es “diferente”. Y lo es, porque Trujillo era un tirano asesino; en cambio, Maduro es un “patriota” que “lucha” contra “el imperialismo” y que transita el sendero de la “libre determinación de los pueblos”… y demás flatulencias.

Resulta vergonzoso el nivel de abyección intelectual y genuflexión discursiva a la que puede llegar un ser humano para justificar lo injustificable. “Invasión buena” fue la de 1959… o “Caracoles”. “Injerencia buena” fue la llamada de Pompeo a Danilo en 2019… pero un bombardeo de precisión en Miraflores sería injerencia mala y no nos luciría apoyarlo, porque debemos respetar la “voluntad soberana” del pueblo venezolano… La misma que fue irrespetada vil e impunemente por la dictadura madurista.

Si algo ha demostrado Cuba, es que no importa el nivel de presión externa recibida. Siempre y cuando adentro se apriete lo suficiente, el poder puede mantenerse.

Aunque sobrarán clavos y cruces para crucificar a todo el que piense diferente, toca exigir y apoyar una firme intervención militar norteamericana en Venezuela, y que cada quien ocupe el lugar que quiera en la historia. Ya sea como foca de una dictadura o como iluso que cree en la democracia.