La política exterior
La cancillería dominicana ha dedicado gran parte de sus esfuerzos a pedirle al mundo que invada Haití. Al mismo tiempo, ha tratado de justificar en diversos foros internacionales, la persecución criminal del Estado dominicano contra inmigrantes de origen haitiano, incluyendo la deportación de mujeres en gestación y niños sin sus tutores. Estas acciones se acercan a las promovidas por el trujillismo.
Recientemente, el MIREX quiso explotar el gran legado de la experiencia cocola en el país para tratar de lavar su imagen ante un Caribe observador de las políticas del actual gobierno dominicano. El hecho recuerda los actos de propaganda de Trujillo ante la comunidad internacional, llegando al colmo de celebrar en 1955 la “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”.
Hace poco el canciller dominicano dejó entrever que la presencia de algunos estadistas de izquierda en la próxima Cumbre de las Américas, a celebrarse en el país, dependería del gobierno estadounidense. Ni hablar del silencio cómplice de esa cancillería ante el genocidio en Gaza. La política exterior del gobierno del “cambio” se ha trancado en esquemas neotrujillistas de racismo, sumisión al poderoso norte y fanfarronería.

