El trabajo: ¿vocación, progreso o castigo?

El trabajo no es un castigo o un mero medio de subsistencia, sino una actividad que dignifica al hombre; además, expresa su dominio sobre la creación. Asimismo, consiente el desarrollo de la propia personalidad, generando vínculos con sus semejantes, asegurando la sostenibilidad propia y de la familia; igualmente, contribuye a la mejora de la sociedad y al progreso de toda la humanidad.

El enfoque del trabajo como castigo tiene orígenes antiguos y variados, incluyendo, las influencias religiosas y filosóficas, el contexto social de la esclavitud la desigualdad y la etimología de la palabra "trabajo". Dicho concepto proviene del latín "tripaliare", que significa "torturar". La Biblia, en ciertos textos, también presenta el trabajo como una consecuencia del pecado; por ejemplo, el caso de Adán y Eva. En la antigüedad, la idea de que el trabajo era un castigo estaba arraigada en la sociedad, especialmente en la clase alta, la cual consideraba el trabajo como una actividad indigna de su posición.

El trabajo es un tema que ha entrado en el repertorio de los merengues típicos dominicanos. Instintivamente asoman a la memoria musical y poética, el inolvidable “El negrito del batey”, de Medardo Guzmán, popularizado por el maestro Alberto Beltrán que recoge la expresión: "el trabajo lo hizo Dios como castigo".

Sin lugar a dudas, la verdad de la expresión del merengue, en cuestión, está en que constituye, básicamente, una crítica a las condiciones laborales deprimentes en los bateyes, donde las jornadas eran largas, agotadoras y mal pagadas. No obstante, dichas condiciones, el campesino dominicano, jovial por naturaleza, es capaz de celebrar la alegría de la vida, incluso en medio de la adversidad y de las condiciones laborales pésimas e inhumanas, como si cantara sus penas.

Por su parte, la teología cristiana católica evita calificar el trabajo como un castigo, más bien, lo ve como un llamado al perfeccionamiento de la persona y una colaboración en el perfeccionamiento de la creación. El trabajo es un medio de redención y santificación de la persona, siempre y cuando se realice con amor y dedicación, en unión con Cristo. Efectivamente, cuando se posee un trabajo justo y remunerado se fortalece la libertad y la autonomía de la persona. En la cosmovisión cristiana, cuando se habla de trabajo no se conceptúa como un "castigo", sino como una realidad de la vida, donde el progreso y el bienestar se logran mediante la dedicación, el esfuerzo y la responsabilidad. El término "con el sudor de la frente" se refiere a los derechos que se pueden ganar por la diligencia y el esfuerzo de una persona en la ejecución de una obra o de una determinada tarea.

Sin embargo, el trabajo infantil constituye una amenaza para el desarrollo pleno de los infantes y de la sociedad misma. Las tareas propias de la infancia son: jugar, aprender, crecer y soñar el futuro. La OIT y la Doctrina Social de la Iglesia denuncian la explotación laboral de los menores por constituir una grave violación de su dignidad.

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