Pensando

A propósito de mafias

El crimen organizado es el lado oscuro de la globalización, esas organizaciones que han abandonado la marginalidad y se han instalado en el corazón de nuestros sistemas político y económico. ¿Sería esto en parte el caso dominicano? De ser así, no sería sólo un reto político, sino también ciudadano. 

Una mafia es un estado paralelo, una especie de contra gobierno en la sombra, con normas, jueces, policías, impuestos, políticos e ideología. Este gobierno oculto se encuentra por encima de las leyes y de las fronteras, con sistema y reglas propias. Considera al estado oficial un enemigo, un instrumento sin legitimidad, cuestionando su poder en todas sus funciones y prerrogativas. 

Las mafias se ocupan de los suyos en su comunidad, núcleo político de una organización criminal. Al igual que el Estado, en materia de seguridad y protección, ofrecen todo su respaldo. 

Una mafia se comporta como una sociedad militar, con una pirámide de jerarquía estricta y cada miembro se une con un vínculo de fidelidad a su superior directo. 

Las mafias disponen de escaparates legales, asociaciones deportivas, culturales, comerciales y políticas. Estos escaparates realizan una función de periscopio social para ocultar las actividades criminales. 

En nuestras actividades cotidianas, los dominicanos hemos sentido los embates de acciones criminales protegidas y silenciadas sin una respuesta transparente que nos haga sentir liberados de estas organizaciones criminales. 

Muchos se preguntarán por qué escribo sobre este tema; es simple, el deber ciudadano nos llama con la responsabilidad que nos exige un mejor futuro para las nuevas generaciones. Duarte exclamó: “trabajar por nuestro país es trabajar para nuestros hijos y nosotros mismos”.

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