QUO VADIS
Vestido de mujer
Un día llegó de malhumor al despacho. A mí me correspondía ir a atender una visita del entonces expresidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, quien lo visitaría a las 11:00 de la mañana.
Inusualmente llegó un poco antes de las 10:00 de la mañana y había un movimiento de todos los directores de inteligencia del Estado: el DNI, J2, M2 y los diferentes 2 de las diversas instituciones castrenses.
De este movimiento intuí que se trataba de algo grave. Era un contingente de altos oficiales un poco raro, y que había alguna situación de inteligencia en progreso. Pero a su vez algo no me cuadraba, todos salían riéndose, como si en medio del asunto hubiera algo jocoso.
Llega ex presidente Sanguinetti y lo recibe, pero me percaté que sobre el escritorio del presidente había algunas fotografías de una dama mayor que me resultaba conocida por las facciones de la cara, pero que no lograba descifrar quién era.
Cuando despido al invitado, al subir las escalinatas del palacio, por coincidencia me encuentro a un buen amigo que dirigía uno de esos organismos de inteligencia y le pregunto: ¿Qué está pasando? Él se explotó de la risa, que casi no le entendía lo que me narraba y se fue secándose las lágrimas.
La situación era que se le había informado al presidente que uno de sus secretarios de Estado más cercano se había vestido de mujer en diversas ocasiones y se le había visto deambular por la ciudad con esa vestimenta.
Balaguer lo mandó a buscar para preguntarle si era él a quien habían visto vestido de mujer. Que ¿qué pasaba? El ministro le respondió que sí que efectivamente era él: “Me puse una peluca, un collar de perla, un vestido de esos anchitos, unos zapatos bajitos de mi mujer y me maquillaron muy bien que hasta pestañas me pusieron”. Balaguer no podía creer lo que estaba escuchando. Y le dice: “¿Por qué usted hace eso?”. “Oh, presidente, así yo me voy a los mítines de la oposición y nadie me reconoce, y sé directamente cómo están las cosas”. Al presidente no le costó más que reírse ante la insólita afirmación y las razones que lo motivaban. Aunque le aconsejó que un funcionario de su categoría no podía estar haciendo esas cosas en público, ya que de ser descubierto sería un escándalo.
Al salir del despacho el funcionario, ya el hecho estaba regado. La prensa lo estaba esperando y tuvo que dar declaraciones a los periodistas asignados a la fuente palaciega. Todos le querían preguntar a la vez, pero ofreció sus declaraciones de que sí era él, “que esa era una forma de enterarse de lo que estaba haciendo la oposición y que había ido a varios mítines”. Terminó su explicación con la expresión: “y linda que me veía”. Todo fue carcajadas. Al otro día hasta Harold Priego publicó una caricatura del secretario.

