FE Y ACONTECER
“Comerán y sobrará”
XVII Domingo del Tiempo Ordinario - 29 de julio, 2018
a) Del segundo libro de los Reyes 4, 42-44.
Este domingo aparece la figura del gran profeta Eliseo. Su nombre en hebreo Elishá, significa Dios ha ayudado. Hijo de Safat, ejerció el profetismo en los años del 850 al 800 a. C. Fue discípulo del profeta Elías, cuyo manto heredó cómo signo de la continuidad de su misión y de su espíritu, e incluso de sus milagros. La vida de Eliseo se caracteriza principalmente por los milagros cuyo fin es resaltar con más fuerza el poder de Dios.
El breve texto de la primera lectura pertenece al ciclo de los milagros de Eliseo, quien para alimentar a la gente hambrienta, multiplica en Guilgal los veinte panes de cebada que le traen como primicias. Tanto en este milagro de Eliseo como el que veremos en el evangelio se trata de panes de cebada, no de trigo. El pan de cebada era el que comía la gente pobre. Los pobres de Eliseo como los de Jesús sacian su hambre porque el pan de uno se convierte en pan que todos comparten.
En la Biblia hay muchas de estas situaciones-límites. Unas veces se trata de mujeres estériles y maridos ancianos, destinados a ser padres de un personaje importante. Otras veces son personajes inexpertos, débiles e impotentes, destinados por Dios a un ministerio que, humanamente hablando, los desborda. En otras ocasiones es el enfrentamiento de un joven pastor (David) o de una joven viuda (Judit), contra la técnica filistea (Goliat) o la fuerza militar (Holofernes). Siempre se da el mismo común denominador: la desproporción entre los medios humanos y las metas a conseguir. Se pone de relieve la desproporción para que aparezca, como se dijo antes, con más fuerza el poder de Dios.
b) De la carta del Apóstol
San Pablo a los Efesios 4, 1-6.
Al comenzar este capítulo 4 de su carta a la comunidad de Efeso, impresiona la forma tan sencilla y auténtica como escribe San Pablo: “Yo, el prisionero por el Señor, los exhorto a vivir de acuerdo con la vocación que han recibido. Sean humildes y amables, tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor, y esfuércense por mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz” (v.1-3).
Como puede verse, el Apóstol inicia la parte exhortativa de su carta hablando con la autoridad que le dan sus sufrimientos y su prisión por Cristo. Si Dios ha reunido a todos los hombres y mujeres en un único plan de salvación, en lo más íntimo de la vocación cristiana está el compromiso por la unidad. Esta se expresa en comportamientos concretos y prácticos de humildad, modestia, paciencia, aguante mutuo, es decir, virtudes que favorecen el amor.
El texto que estamos comentando concluye con estas hermosas palabras que confirman la idea de la unidad que viene refiriendo el San Pablo: “Uno es el cuerpo, uno el Espíritu, como una es la esperanza de la vocación a la que han sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo; que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo” (v. 4-6). Según el Apóstol: De la unidad brota la pluralidad y ésta se organiza en una armonía de crecimiento orgánico. Brota de Cristo glorificado que reparte sus dones como hace un vencedor espléndido. San Pablo quiere decirnos que la comunidad no se da a sí misma sus propios líderes o que éstos se auto eligen, sino que se los da el Señor.
c) Del Evangelio según San Juan 6, 1-15.
A partir de este domingo diecisiete del Tiempo Ordinario, se interrumpe el evangelio de San Marcos, para dar paso al capítulo 6, casi íntegro, de San Juan que contiene la multiplicación de los panes y el discurso sobre el pan de vida. Así se desarrollan los cinco domingos: Domingo 17?: Juan 6, 1-15, el “signo” de la multiplicación de los panes. Domingo 18?: Juan 6, 24-35, la oferta de Jesús: “El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed”. Domingo 19?: Juan 6, 41-51, Jesús es el pan vivo bajado del cielo. Domingo 20?: Juan 6, 51-58, Jesús afirma “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Domingo 21?: Juan 6, 60-69. Reacciones ante el discurso. Opción de los Doce y confesión de Pedro.
El conjunto de estos cinco domingos constituye una buena oportunidad para profundizar el tema en Jesús como verdadero pan de vida y eucarístico. La multiplicación de los panes es el único milagro del ministerio público de Jesús que es narrado por los cuatro evangelistas y con notables coincidencias. En el relato según San Juan, además del plano histórico, tenemos el plan teológico del mismo. El evangelista comienza por hacer notar que estaba cerca de la Pascua, la fiesta de los judíos. Estamos en primavera, por eso hay hierba abundante en aquel lugar. Pero esa ambientación pascual es más que una indicación cronológica, es alusión a la Pascua.
También hoy la gente tiene hambre, y no solo de pan material, hambre de palabra y de espíritu, de dignidad y realización personal. Cristo es el pan de vida total, como dirá él al explicar en su discurso posterior el “signo” de los panes multiplicados. En cada Eucaristía celebramos “la multiplicación de los panes”. Cristo se da como pan de vida para saciar el hambre de la comunidad eclesial y de todo hombre. Celebrar la Eucaristía es una invitación a compartir más y mejor la palabra, la fe, el amor, el pan y la riqueza del mundo. Pero multiplicar hoy el pan para los pobres supone hacer primero el milagro de amar. Por eso la fe y el amor cristiano han de bajar de la Eucaristía a la arena de la vida: la calle, el taller, la oficina, las aulas, la familia. En todos esos campos el cristiano debe actuar como tal, con plena sinceridad consigo mismo, con Dios y con los demás al servicio del Reino de Dios y de su amor entre los hombres.
Felicito y bendigo de corazón a todos los Padres, a propósito de celebrar mañana en nuestro país el día a ellos dedicado.
Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero. En las fuentes de la Palabra.

