Elegancia y arte

Sully Bonnelly: el arquitecto silencioso de la elegancia

Sully Bonnelly: arquitecto de la elegancia

Sully Bonnelly: arquitecto de la elegancia

Cuando Sully Bonnelly mira hacia atrás, identifica un punto de partida tan inesperado como decisivo: la arquitectura. Antes de vestir a mujeres alrededor del mundo, estudiaba planos en la UASD junto a su prima Jacqueline Hernández, modelo dominicana. Fue ella quien, sin saberlo, tocó la puerta del destino.

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

“Le diseñé dos o tres piezas porque me las pidió, pero yo no era diseñador”, recuerda entre risas. Sin embargo, aquellas primeras siluetas improvisadas fueron el inicio de un camino que terminaría marcando la moda dominicana y estadounidense.

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

El segundo golpe de inspiración llegó desde una pantalla de cine. “Cuando vi Mahogany con Diana Ross, dije: ‘Eso es lo que yo quiero hacer’.” Fue un momento revelador. Mientras continuaba sus estudios de arquitectura, comenzó a diseñar más seriamente y a imaginar una vida dedicada por completo a la moda.

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

Su primer gran salto ocurrió durante el concurso Miss Ámbar, en el hotel Loews Dominicana de Santo Domingo, hoy Dominican Fiesta.. Con solo cinco modelos profesionales y veinte vestidos, Bonelly tomó una decisión audaz: incorporar a sus hermanas y amigas como modelos para crear un gran cierre en pasarela. Era 1977. Aquello, hoy tan común, en su época fue innovador y memorable. “Quedó súper bien”, dice con nostalgia.

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

SULLY BONNELLY 

De Santo Domingo a Nueva York: el aprendizaje que definió una carrera

En la República Dominicana de aquellos años no existía una escuela formal de diseño, por lo que Bonelly tomó una decisión clave: trasladarse a Nueva York. Transferir sus créditos de arquitectura a Parsons fue un paso lógico, pero lo verdaderamente transformador fue trabajar con dos gigantes: Oscar de la Renta y Bill Blass.

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

SULLY BONNELLY & DAVID HOCKNEY

A Oscar llegó gracias a la recomendación de Virginia Dalmau. Lo contrataron de inmediato. “Ahí entendí que la moda no es solo hacer vestidos bonitos; es un negocio que hay que saber administrar”. Con Blass, su diseñador favorito, vivió otra etapa formativa que marcó profundamente su visión. Cada maestro, con estilos distintos, le enseñó una pieza del rompecabezas que luego se convertiría en Sully Bonnelly.

Fue precisamente durante su trabajo con Blass que concibió una de sus mayores contribuciones a la moda estadounidense: los “separates de noche”, piezas como blusas, pantalones y chaquetas elegantes diseñadas para eventos nocturnos, pero no necesariamente formales.

“No existían. Las tiendas no sabían dónde colgarlos”, explica. Bonelly investigó cómo debían exhibirse, reorganizó racks, visualizó nuevas formas de compra. El concepto fue un éxito inmediato: dos millones de dólares en pedidos la primera semana. “Después de eso, fue mundialmente copiado.”

El sello Bonnelly: funcionalidad, modernidad y raíz

Cuando se le pregunta qué elementos son innegociables en sus diseños, Bonelly responde sin dudas: la conexión con su país.

“Siempre pienso en cómo crecí, en lo que vi. Eso es único en mí. Oscar siempre me decía: ‘Todo está frente a ti’.”

Esa esencia dominicana se mezcla con una profunda comprensión del consumidor: quién es, qué necesita, cómo vive. La funcionalidad es parte de su ADN creativo. Su visión siempre estuvo adelantada a su tiempo, convencido de que “el consumidor está más listo para cosas nuevas de lo que uno se imagina”.

Hoy, su estilo sigue siendo reconocible incluso cuando trabaja para distintas marcas o líneas, como sus colaboraciones con Jumbo. “Mi estilo es mi estilo. Todo se une naturalmente.”

El diseñador como artista, estratega y narrador

Para Bonnelly, el diseñador de hoy debe dominarlo todo: la visión estética, la intuición comercial, la construcción, la narrativa.

“El diseñador tiene que saber qué quiere la gente ponerse antes de que ellos mismos lo sepan”, afirma. Y al mismo tiempo, debe tener una convicción clara de quién es y qué quiere decir con su obra.

Ese equilibrio se vuelve evidente cuando describe la última etapa del proceso creativo: el probador.

“Después de meses de trabajo, lo peor que puede pasar es que alguien se pruebe tu vestido… y no le quede. No solo no compra esa pieza; no vuelve a intentar con ese diseñador.”

Por eso, para él, la técnica es inseparable del alma.

Bonnelly ve el arte y los viajes como combustibles creativos. En cada cultura encuentra matices que lo transforman. “La inspiración está en todas partes”, dice. Y explica cómo la moda y el arte siempre dialogan entre sí:

“Lo que tú ves que está pasando en arte, eso mismo está pasando en moda.”

Los franceses llaman a esa sincronicidad les airs du temps, “los aires del tiempo”. Para él, es esa frecuencia invisible que conecta a todos los que crean.

Veinticinco años en la CFDA: un reconocimiento a la excelencia

Ser miembro de la CFDA, la organización de diseñadores más importante de Estados Unidos, ha sido uno de los honores más significativos de su carrera.

“Que me aceptaran fue un testimonio de que mi trabajo importa”, confiesa. El proceso es riguroso, y por eso llevar esas siglas junto a su nombre significa mucho.

Dos veces al año, el colectivo se reúne. Más allá de estilos distintos, Bonelly destaca la unidad como gremio y la oportunidad de compartir logros y procesos. Una hermandad creativa en la que ahora es una voz respetada.

El proceso creativo: un rompecabezas en constante evolución

Aunque el mundo se ha digitalizado, Bonelly mantiene un método profundamente personal y táctil. Guarda telas, colores, fotos y objetos que generan un “trigger”, una chispa, para futuras colecciones.

Cuando llega el momento de diseñar, abre su carpeta y comienza a construir un rompecabezas visual en la pared. Dibujo por dibujo, espacio por espacio, va armando la colección hasta completarla con el número exacto de piezas.

“No es ilimitado. Yo sé desde el inicio cuántas piezas tendrá.”

Su intuición, entrenada durante décadas, guía ese equilibrio entre emoción y estructura.

El legado de un visionario

Desde sus primeros bocetos improvisados para su prima, hasta sus aportes que cambiaron la industria en Estados Unidos, Sully Bonelly ha demostrado que el diseño es tanto una vocación como una disciplina.

Es un narrador, un estratega, un arquitecto del cuerpo y de la elegancia.

Un dominicano que convirtió su mirada en un lenguaje propio, reconocible y admirado.

Su historia confirma algo que él mismo aprendió temprano:

“Todo está frente de ti. Solo tienes que saber verlo.”

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