historias de la vida
Ana Sánchez: “Me dolió que mis padres me ‘regalaran’ a mis bisabuelos, pero no detuve mi superación”
Esta mujer no dejó que los traumas la debilitaran. Contra viento y marea, logró terminar sus estudios secundarios. Ya con dos hijos, fue a la universidad a estudiar licenciatura en Enfermería. Realizó una maestría en Gerencia Hospitalaria, en la UASD e hizo una especialidad en Habilitación Docente, y es maestra universitaria.
Ana Sánchez junto a uno de sus cinco hijos
A veces un trauma y un dolor originado en la niñez, puede ser una marca para toda la vida. Ana Sánchez tiene sobrados motivos para llevar el peso de algunas heridas, pero decidió aligerar su carga diciendo: “Yo puedo superarlo y superarme”. Así lo hizo.
El que sus padres se la hayan “regalado” a sus bisabuelos, no la detuvo. Eso sí, para llegar hasta el punto en el que se encuentra hoy, ha tenido que batallar mucho en la vida.
“En realidad, no les guardo resentimiento, pero es algo que no puedo olvidar. De hecho, mi mamá vive conmigo”. Es entendible. No crecer junto a tus padres por esa razón, no es nada sencillo.
“Según ellos, en ese tiempo, mi bisabuela les dijo que me quería, y pues me dejaron con ellos porque vivían solos”. A estas alturas, a la dueña de esta historia se le hace difícil asimilar la razón, más aun después de convertirse en madre.
A pesar de todos los sentimientos encontrados que ha afrontado a lo largo de sus 38 años, Ana, no sólo ha tratado de superar la historia de su infancia, sino que se ha empleado a fondo para vencer la adversidad y convertirse en un ejemplo para sus hijos y la sociedad. LISTÍN DIARIO cuenta su experiencia por sugerencia de la periodista Ana Gómez.
“Como a los siete u ocho meses de nacida, mis padres me ‘regalaron’ a mis bisabuelos paternos. Crecí a su lado y ellos me llenaron de amor y me enseñaron todos los valores que usted se pueda imaginar. Pienso que no faltó uno que ellos no me enseñaran”. Lo reconoce, pero no deja de admitir que los padres siempre hacen falta.
Al cumplir los 13 años, lamentablemente, su bisabuela falleció. “Recuerdo que fue un 21 de enero, día de la Altagracia, fecha que se conmemora en Cotuí, mi lugar de nacimiento y donde crecí. Aquí inició mi lucha por la vida. Fui separada de mi bisabuelo, según mis familiares, porque él solo no me podía cuidarme. Me llevaron a vivir a un campo donde mi abuela de padre donde sólo estuve hasta culminar mi año escolar”. Un cambio drástico que, sin lugar a duda, aumentaba el vacío de una crianza alejada de sus padres.
No había química entre ella y su mamá
Después de andar de casa en casa, viviendo donde diversos familiares, Ana intentó convivir con su madre. “Pero debo decirlo, fue algo imposible. De su parte no había empatía, pero era lo que tocaba”. No se detenía en su deseo de seguir hacia delante.
Ya con 16 años, continuaba batallando con sus emociones y con su supervivencia. “El caso es que, como cosa del destino, un día llego a la casa de mi madre y había un señor de aspecto evangélico vendiendo productos para el pelo, y yo, de manera gentil, pregunto: ¿Necesita personas para trabajar? La respuesta fue sí, y a partir de ahí, mi vida inició en el área laboral”. La dueña de esta historia iba de pueblo en pueblo, casa por casa, bajo agua, sol y sereno para vender 'kits' de bellezas.
Andaba en guagua en los pueblos mostrando sus productos con promotores. A veces tenía hasta que lavarle la cabeza a las posibles clientas para que le compraran los productos. Vivía del porcentaje de las ventas.
Su empeño fue tal que, se convirtió en líder de ventas para la empresa donde estuvo hasta los 21 años. “Estando en la empresa, al llegar a los 18 años, tenía un noviazgo del cual nace mi primera hija, a la que he criado y cuidado siempre. Hoy día, tiene 22 años y ya casi entra al internado de la carrera de medicina”. Ana ha luchado por convertirse en ejemplo para sus cinco hijos Bedzaida, Berónica, Mía Mariet, Ares y Eros.
A esta mujer, madre ni el dolor por haber sido apartada de sus padres, ni todas las adversidades que pasó la han vencido. Contra viento y marea, logró terminar sus estudios secundarios. Ya con dos hijos, luego fue a la universidad a estudiar licenciatura en Enfermería. Realizó una maestría en Gerencia Hospitalaria en la UASD e hizo una especialidad en Habilitación Docente, y es maestra universitaria.
Ana Sánchez junto a familiares
“Hay personas que por menos de lo que yo he vivido, se echan a morir”
Antes de dedicarse en cuerpo y alma a sus estudios universitarios, Ana Sánchez, convertida en madre, no se detiene en su afán por cuidar y proteger a su hija. Iba por la vida luchando por el porvenir suyo y de su niña.
“Al llegar a los 22 años, inicié un matrimonio con alguien que me doblaba la edad, pero me apoyaba en todos los sentidos. Eso sí, no se conformaba con mi compañía, tenía otra familia formada”. Es obvio que sufrió mucho.
“Pero nunca me detuve. Cada piedra que se cruzó en mi camino, la fui quitando con la ayuda de Dios. Para obtener todo lo que he logrado, Él ha sido mi primera fuerza e impulso. Nunca he hecho algo sin su consentimiento, todo se lo pido al Señor”. Es una mujer de fe, lo que junto a su fortaleza le ha ayudado a construir una historia que motive a otras personas, especialmente, a mujeres.
Además de su confianza en el Altísimo, hay otro motivo que ha movido a la protagonista de hoy a no detenerse en su búsqueda de superación. “Mi motivo para cada día continuar, son mis hijos mi gran tesoro”. Lo expresa con emoción la mujer que hoy disfruta de una hermosa familia junto a su hoy esposo, Wilkins Merán Encarnación.
Ana está consciente de que sus emociones fueron afectadas desde muy pequeña, pero el hecho de haber vencido tantos obstáculos, la lleva a decir: “Pienso que mi historia es motivadora. Hay tantas personas que por haber pasado por menos de lo que yo he vivido, han terminado con su vida”. Por su mente esto nunca pasó.
Para ella, es importante que la gente crea, primero en Dios, y después en sí misma porque querer es poder. De la nada y, a pesar de sufrir por el abandono de sus padres, ella ha llegado a convertirse en una profesional muy preparada y en una madre y esposa entregada a su familia.
Cree en la educación
La dueña de esta historia es enfermera quirúrgica, de atención directa, gerente de procesos hospitalarios, docente universitaria y docente técnico superior. Ha hecho diversos diplomados, tanto en el área de la salud como en el área docente.
La dueña de esta historia es enfermera quirúrgica
Para ella es importante la capacitación, pues desde su perspectiva, es la base fundamental para la superación. “Desde que inicié mi camino en la profesión, sólo he estado en los trabajos que hoy tengo en ambas áreas”. Es una profesional estable.
Conociendo el éxito a pulso que ha logrado, la dueña de este relato, se le solicitó un mensaje para los jóvenes que habitan en esta sociedad de la inmediatez, a lo que sin chistar accedió.
“En primer lugar, deben saber que la vida está compuesta por procesos y etapas, que cada uno de ellos debe ser agotado, que si tienes vida y salud, no importa lo que tengas que pasar, nada debe detenerte para alcanzar tu meta. La vida a nivel de metas no tiene un stop, ella continúa y tú decides hasta donde quieres llegar”. Nadie mejor que la mujer que no se crio con sus padres, para dar este consejo.
Ana no entiende cómo hay personas que tienen todo y se quejan cuando le falta algo. O no son agradecidas por lo que Dios les ha dado. Ella agradece hasta los momentos duros que ha pasado. Ellos la han hecho mejor persona e inclusive, le han permitido perdonar a quienes entendía le habían hecho tanto daño: sus padres.
No los disculpa, pero “ahora entiendo que no me iban a dar la formación que aprendí en la vida”. Así concluye la mujer que cree en el perdón y en la reconciliación, y hoy exhorta a los jóvenes a no rendirse ni gastar energías en lamentos, sino a trabajar por sus sueños para que se superen y triunfen.

