DESDE MI ÓPTICA
Un día a la vez
El año pasado me prometí vivir de esta manera: un día a la vez. Es una sentencia simple y profunda en la misma magnitud. Para fijarlo en mi mente y acciones decidí ponerlo como estado de perfil en mi WhatsApp. Es una resolución que estimo todos debemos tomar. La cotidianidad nos lleva a un ritmo muy acelerado. Las fechas las anticipamos y no bien terminamos un evento importante cuando ya estamos planificando el siguiente, dando paso a caer en la tentación de ser marionetas de la agitada agenda o veleros a merced del viento. Muchos viven con un pasado que gobierna el presente, y en un presente que limita el futuro. Ya el pasado pasó y el futuro es incierto, por esto es tan importante participar del hoy. Esto no significa que es incorrecto planificar y organizar la vida, pero que esto no nos controle ni mucho menos nos robe la oportunidad de experimentar la vida en todo el sentido de la palabra. Aprender a saborear y masticar despacio los alimentos de cada día, contemplar un atardecer, saludar mirando a los ojos, aprender el nombre de las personas que nos prestan algún servicio, sentir la delicada caricia de la brisa son solo algunos ejemplos de cómo comenzar a vivir un día a la vez. Mi amigo Paúl Rodríguez me dijo: “¡Qué luz tan grande acabo de recibir con la frase que tienes! Se me iluminó la mente y el corazón. Me hace mucha falta. Estoy cansado de leerla pero siento que hoy me desnudó el alma”, confesó sin rodeos. De inmediato argumentó que es un parangón con las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de Mateo, donde advierte que no se afanen por el día de mañana, porque traerá su propio afán. Atrévete. ¡Comencemos ya!

