El Jardín Memorial recuerda a las madres con una misa solemne

La ceremonia fue presidida por monseñor José Grullón Estrella, quien congregó a familiares, visitantes y colaboradores en un acto de fe y remembranza.

La ceremonia fue presidida por  monseñor José Grullón Estrella.

La ceremonia fue presidida por monseñor José Grullón Estrella.LEONEL MATOS/LD

Una profunda serenidad y un respeto palpable envolvieron el Jardín Memorial durante la misa conmemorativa del Día de las Madres. Este acto religioso, cargado de emotividad, tuvo como propósito honrar la memoria de las madres fallecidas y celebrar la vida de aquellas que aún están presentes.

La ceremonia fue presidida por monseñor José Grullón Estrella, quien congregó a familiares, visitantes y colaboradores en un acto de fe y remembranza. La unión en oración se hizo evidente, y cada plegaria elevada resonó con la devoción de quienes se unían para rendir tributo a la figura materna, ese pilar inquebrantable en la estructura familiar y social.

Durante su emotiva homilía en el cementerio del Jardín Memorial, ubicado en la avenida Jacobo Majuluta, Grullón Estrella enfatizó la trascendencia del rol materno más allá del vínculo biológico.

“Lo más importante de una madre es la palabra que Dios puso en su mente y su corazón para poder guiar a ese niño para que pueda respetar. Lo más importante no es el vientre, sino ser la guía espiritual de muchos seres humanos que están haciendo el bien por el sacrificio y el esfuerzo que les dan las madres desde el amor”, afirmó, destacando la invaluable influencia de la madre como formadora de valores y principios.

El prelado subrayó la visión de la religión católica, donde las madres son consideradas agentes de unión y bienestar familiar, un reflejo del amor de Cristo por el mundo. Indicó que ellas, a través del cariño y la crianza afectuosa que brindan a sus hijos, se convierten en líderes naturales, capaces de moldear generaciones con base en el afecto y la compasión.

Conmovido, el sacerdote prosiguió su mensaje con una invocación a la reflexión: “Queridas madres, pidamos a Dios que se encarne la palabra en nuestra mente y corazón y en el Espíritu Santo para que entre en lo más profundo de nuestro corazón y se note en nuestro rostro. Recordemos a las madres que no están y fueron luz para iluminarnos”, mencionó en sus palabras que invitaron a los presentes a interiorizar el mensaje divino y a mantener viva la memoria de aquellas que ya no están físicamente, pero cuyo legado sigue siendo una fuente de inspiración y guía.

Este acto conmemorativo se erigió como un símbolo de amor, entrega y vida. Cada oración elevada, cada pensamiento dirigido a las madres, fue una muestra de la profunda gratitud y devoción que se les profesa.

Las plegarias se elevaron tanto por las madres presentes, celebrando su existencia, como por aquellas que descansan en ese cementerio, cuyo recuerdo perdura con un cariño inquebrantable.

Tras la emotiva misa, los presentes se dirigieron a las tumbas de sus progenitoras. Allí, en un ambiente íntimo y personal, tuvieron la oportunidad de revivir momentos agradables compartidos, de honrar su memoria de una manera más cercana en el Día de las Madres.

La presencia de familiares en los alrededores del cementerio era notoria, y la conmoción por la ausencia del abrazo de la mujer que les dio la vida se hizo palpable. Rostros afligidos frente a los nichos evidenciaban el dolor de la pérdida, pero también la fuerza del amor que trasciende la vida y la muerte.