PRESENCIA DOMINICANA
Cuando un amigo se va
No recuerdo exactamente en cual momento conocí a Marcos Rodríguez, pero fue en el Restaurant Lucky Seven, el legendario local que de alguna manera atraía, como polen a la abeja, a todo que de una u otra manera el deporte lo apasionaba. Eran los años ochenta del siglo pasado y aun cuando existía una especie de hermandad entre los contertulios, formamos un grupo independiente en el que primaban una serie de valores y costumbres en las que coincidíamos. Con caracteres diferentes, no obstante, había sintonía.
Disfrutábamos de un buen debate, la mayoría de las ocasiones caldeado, cónsono al espíritu caribeño que nos caracteriza y no solo de béisbol. Sazonado, por supuesto, con la necesaria copa del líquido que, consumido moderadamente, libera el alma y abre la mente. Marcos, nacido en La Vega, pero formado en Salcedo, era hombre de copa en alto, seguidor de las Águilas Cibaeñas en el béisbol local y de los Yankees en las ligas mayores. Coincidimos en este último, no así en el primero. Eso
fue plataforma para bromas y amistosas ironías; algo que en lenguaje coloquial dominicano se conoce como “cuerda”.
Las prendas que lo adornaron fueron principalmente una extrema honestidad en todas las funciones que desempeñó, incluyendo algunas donde circularon por sus manos enormes cantidades. Gran sentido de responsabilidad, una enorme paciencia que, unida a su aguda inteligencia, le permitió manejar conflictos muy delicados que no trascendieron al gran público cuando ejerció diferentes posiciones ejecutivas en la liga de béisbol. Esas cualidades evitaron que reputaciones fueran injustamente vulneradas por la ignominia.
Llegó al circuito dominicano en el mandato de Juan Francisco Puello, finalizando sus funciones en la parte final del periodo de Leonardo Matos Berrido. La etapa que transformó la actividad de pasional a una equilibrada profesionalidad que le ha permitido crecer y sobre todo sobrevivir. Gran parte de ese éxito le corresponde. En una época que el titular, Matos Berrido, estuvo ausente en misiones diplomáticas, asumió como presidente en funciones del circuito.
El pasado sábado Marcos Rodríguez Álvarez finalizó su peregrinar terrenal. Si fuera a definirlo en breves palabras estas serían: amigo incondicional. Me consta por experiencia.

