EDITORIAL
¿Por qué se dañan tan rápido?
Con frecuencia se publican noticias sobre el deterioro de obras públicas a los pocos meses de ser inauguradas o puestas en servicio.
Del mismo modo, es habitual encontrar proyectos cuya ejecución se retrasa más de lo previsto, sin que se expliquen con claridad las razones de esos incumplimientos.
Hay vías asfaltadas que, debido a las intensas lluvias o al uso diario, pierden la capa de rodadura y dejan al descubierto los hoyos que habían sido tapados.
También ocurre que edificaciones de diverso tipo presentan, con el paso del tiempo, vicios de construcción.
Es lamentable que la deficiente supervisión y el pobre monitoreo de las obras sean una constante en nuestros gobiernos, tanto centrales como municipales.
Los materiales empleados demuestran, con el tiempo, su baja calidad, lo que obliga a nuevas inversiones para restaurar o rehabilitar esas infraestructuras.
Al gobierno le ha resultado difícil ejecutar el gasto en inversión y, cuando lo completa, no siempre las obras resultan satisfactorias.
Ahí están los ejemplos del kilómetro 9 de la Autopista Duarte, de carreteras y puentes nuevos o “rehabilitados”, y de centros de salud cuyos techos se han desplomado o presentan grietas prematuras que filtran el agua de lluvia.
Las evidencias de un pobre mantenimiento son abundantes.
Hasta el 20 de abril, el gobierno había recibido 425 mil millones en ingresos, pero ejecutó en gastos de construcción apenas un 3%, equivalente a 14 mil millones.
Este cuadro de realidades obliga a crear —o a robustecer, si ya existe— un organismo supervisor de las obras del Estado, tanto en ejecución como en su etapa final.
Sería útil una especie de observatorio, presidido por el CODIA, que elabore un informe trimestral sobre el nivel de ejecución de las obras, su estado de avance, sus retrasos y las razones por las cuales aquellas que fueron presupuestadas aún no han sido iniciadas.
Resulta más pertinente ahora que el país entra en un régimen de austeridad debido a la crisis mundial generada por la guerra en Oriente Medio.
En un ambiente de reducciones presupuestarias, es fundamental que los recursos disponibles para inversión tengan mejor suerte.

